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RedSaludArgentina

Malbrán refuerza el control del agua en diálisis para cuidar a los pacientes

Un paciente en diálisis puede contactar hasta 360 litros de agua por semana. Por eso, el Malbrán puso el foco en vigilar la calidad microbiológica de ese insumo clave y así reducir riesgos, internaciones y brotes en los centros de todo el país.

Autor
Editorial

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El Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas (INEI), que depende de la ANLIS Malbrán, viene profundizando la vigilancia microbiológica del agua que se usa en los procedimientos de hemodiálisis. La idea es clara: ampliar la capacidad de respuesta frente a eventuales episodios de contaminación y cuidar a un grupo de pacientes especialmente vulnerable.

Los centros de diálisis ya realizan controles internos diarios sobre los sistemas de tratamiento y distribución del agua, además del equipamiento, para garantizar condiciones seguras. A eso se suma el control externo que hace el Malbrán, que analiza las muestras con herramientas de alta precisión, como la espectrometría de masas MALDI-TOF, para detectar, identificar y caracterizar los microorganismos presentes.

La directora de la ANLIS Malbrán, Dra. Claudia Perandones, puso el acento en una cifra que habla por sí sola: “El agua utilizada en hemodiálisis constituye un componente esencial del procedimiento. Durante una semana, un paciente puede entrar en contacto con alrededor de 360 litros de agua, una exposición muy superior a la de una persona sana, cuyo consumo habitual se encuentra entre 14 y 21 litros semanales”.

“Asegurar su calidad microbiológica es fundamental para la seguridad del paciente y contribuye a reducir la probabilidad de brotes e internaciones. Este trabajo requiere una vigilancia sostenida que permita detectar tempranamente situaciones de contaminación y actuar de manera oportuna”, remarcó Perandones.

El abordaje combina microbiología convencional con técnicas de mayor resolución, como la espectroscopía infrarroja (IR), la espectrometría de masas MALDI-TOF y, cuando la situación epidemiológica lo exige, la secuenciación de genoma completo (WGS). Así se logra identificar y caracterizar los microorganismos recuperados y comparar aislamientos ambientales con clínicos.

“Este abordaje permite comparar los microorganismos recuperados del agua utilizada para hemodiálisis con aislamientos clínicos obtenidos de pacientes, particularmente ante la sospecha de un brote. La integración de estas metodologías aporta información de alta resolución para evaluar la relación entre los aislamientos y determinar si podrían corresponder a una misma población bacteriana persistente o a eventos independientes de contaminación”, explicó el Dr. Diego Ruggeri, jefe del Laboratorio de Bacteriología Sanitaria.

Entre 2025 y lo que va de 2026 se analizaron 3.335 muestras provenientes de 37 centros, servicios de diálisis, unidades nefrológicas, hospitales y sanatorios de distintos puntos del país.

Un punto que despierta especial atención es la presencia de bacilos Gram negativos no fermentadores. Estos bichos tienen una capacidad notable para persistir en ambientes acuáticos y formar biofilms en las superficies internas de los sistemas. Cuando aparecen, orientan la investigación hacia posibles contaminaciones persistentes y marcan cuándo conviene profundizar los estudios.

El análisis microbiológico insume alrededor de siete días e incluye controles intermedios. Si en el camino se detecta un microorganismo que exige una intervención, el equipo del Malbrán notifica de inmediato al servicio para que adopte las medidas de seguridad correspondientes, sin esperar el informe final. Recién después se emite el resultado definitivo de la muestra.

Frente a una detección de contaminación, el Malbrán brinda asesoramiento especializado para definir las medidas correctivas según el tipo de contaminante y el nivel de riesgo. Entre las acciones posibles se cuentan:

  • Aislamiento preventivo de la sección, el anillo de distribución o los puestos afectados.
  • Limpieza y desinfección del sistema de tratamiento y distribución del agua, incluida la ósmosis inversa.
  • Toma de nuevas muestras para verificar la efectividad de lo aplicado.

El sector afectado queda bajo monitoreo permanente con nuevos análisis y solo vuelve a la atención habitual cuando los estudios confirman que los parámetros están dentro de los valores establecidos y se cumplen los estándares de bioseguridad vigentes.

En definitiva, se trata de un eslabón más de la vigilancia sanitaria que apunta a que el agua que entra en contacto con un paciente en diálisis sea tan segura como el propio tratamiento. Un control silencioso, pero clave, para evitar sustos mayores.

Autor
Editorial