El intercambio de medicamentos entre los países de Centroamérica superó los USD 800 millones durante 2025, según datos aportados por Carmen Estela Pérez, titular de FIFCCA e INQUIFAR. Este crecimiento se explica por una combinación de factores: la integración económica regional, la adopción de normas técnicas comunes y el aumento sostenido de la producción farmacéutica local.
La partida arancelaria 30.04, que agrupa las preparaciones de medicamentos a dosis fija, se posicionó como la categoría de mayor intercambio comercial dentro del istmo. Hace apenas dos años, ese lugar lo ocupaba la partida 21.06, vinculada a alimentos y otras preparaciones. El cambio de liderazgo refleja una transformación profunda en la matriz productiva de la región.
“Lo que más fabricamos y más nos vendemos entre los centroamericanos son medicamentos”, sintetizó Pérez. La frase resume un cambio de mentalidad empresarial: los laboratorios de la región dejaron de mirar solo hacia adentro de sus fronteras y comenzaron a pensar en Centroamérica como un mercado único.
Un mapa productivo diversificado
El panorama exportador muestra perfiles complementarios entre los países del bloque:
- Guatemala consolidó un crecimiento sostenido en sus exportaciones farmacéuticas.
- El Salvador mantiene una expansión constante y participa activamente en la partida 30.04, incluso fabricando bajo contratos de marca para otras empresas, modalidad conocida como maquila.
- Honduras mostró un despegue notable en exportaciones del sector.
- Costa Rica se orienta a otros segmentos, como la partida 30.02, que incluye preparaciones derivadas de plasma humano.
- República Dominicana se transformó en una plataforma de distribución que envía productos a 90 países.
Para la dirigente, la estrategia no pasa por que todos los países fabriquen lo mismo. La apuesta consiste en identificar nichos de producción y desarrollar capacidades complementarias que fortalezcan la oferta regional en su conjunto.
COMIECO y la letra chica de la regulación
El Consejo de Ministros de Integración Económica Centroamericana (COMIECO) cumple un rol central en la elaboración de las normas que rigen a la industria farmacéutica regional. Las regulaciones se debaten en mesas de trabajo donde participan representantes de la industria, la academia, las autoridades sanitarias, instituciones económicas y entidades de protección al consumidor.
Uno de los instrumentos en desarrollo es el Reglamento Técnico Centroamericano de Estabilidad de Medicamentos. La estabilidad implica que un producto conserve su potencia y condiciones durante el tiempo establecido. También se avanzó en reglamentos sobre buenas prácticas de manufactura y etiquetado, que incluyen controles de calidad antes, durante y después de la fabricación.
Los textos técnicos atraviesan distintas instancias de negociación antes de llegar al COMIECO. Una vez aprobados por los ministros, se emite un decreto que debe publicarse en los diarios oficiales de los países firmantes. Recién entonces esos instrumentos se incorporan a la normativa nacional y pasan a ser obligatorios para la industria.
Este entramado regulatorio cobró relevancia tras las dificultades de la pandemia de COVID-19, los cierres de fronteras, la crisis de contenedores y el encarecimiento de los fletes internacionales. Frente a ese escenario, la producción local y el comercio intrarregional aparecen como herramientas para complementar el abastecimiento.
El patent cliff que se viene
Entre 2026 y 2030 vencerán las patentes de varios medicamentos de alta demanda internacional, fenómeno que en la industria se conoce como patent cliff. Cuando concluye la protección patentaria, otros laboratorios pueden desarrollar versiones de esos productos, siempre que cumplan con la normativa, realicen investigación y desarrollo, y demuestren ante las autoridades sanitarias que el medicamento es seguro, eficaz y de calidad.
Gran parte de los productos que perderán patente son biotecnológicos, elaborados con estructuras distintas a las de la síntesis química convencional. Un ejemplo mencionado es la semaglutida, asociada a medicamentos como Ozempic. Estos productos pueden incluir ADN recombinante o material vivo, lo que exige capacidades técnicas e inversiones de otra escala.
“Se tiene capacidad y hay que construir”, respondió Pérez al ser consultada sobre la posibilidad de producir este tipo de medicamentos en El Salvador. La región cuenta con una base industrial y de conocimiento, aunque necesita ampliar su infraestructura, formación técnica y capacidad productiva para competir en ese mercado.
En ese sentido, el Instituto Nacional de Capacitación y Formación de El Salvador aparece como un aliado para elevar el conocimiento técnico del sector, permitiendo que la industria y los reguladores trabajen con criterios comunes.
Una federación con historia
FIFCCA fue creada el 8 de febrero de 2002 en San Salvador, en un contexto marcado por negociaciones sobre integración económica, comercio y propiedad intelectual. La constituyeron asociaciones de Guatemala, Honduras, El Salvador, Costa Rica y República Dominicana, con la posibilidad de sumar entidades de Panamá, Nicaragua y Belice.
Nicaragua tuvo participación, aunque la asociación farmacéutica de ese país dejó de existir. Panamá, por su parte, tiene una industria de menor escala, orientada principalmente al empaquetado final y la distribución, con la Zona Libre de Colón como referencia.
La federación fue una plataforma para coordinar posiciones del sector privado durante la negociación del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos, incluyendo la aplicación de los Acuerdos sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC).
Antes de la armonización regional, los plazos de protección de las patentes farmacéuticas variaban entre países: en Costa Rica era de un año y en El Salvador de 15 años. “Y llegamos a veinte”, recordó Pérez sobre el plazo que finalmente se consolidó.
La dirigente afirmó que El Salvador y Centroamérica no cuentan con patentes farmacéuticas propias. La industria regional participa del mercado produciendo alternativas una vez que vencen las patentes de los medicamentos innovadores. Esa es, hoy, la principal carta de la región en el tablero farmacéutico global.