Instagram Twitter Facebook
RedSaludArgentina

Cómo el cuerpo reconoce alimentos seguros y evita alergias

Un descubrimiento científico revela los mecanismos moleculares que permiten al organismo tolerar la mayoría de los alimentos. Este hallazgo podría transformar el tratamiento de las alergias alimentarias en el futuro próximo.

Autor
Editorial

Compartir

El enigma de la tolerancia alimentaria finalmente tiene respuesta. Durante años, la comunidad científica comprendía bien cómo el cuerpo rechaza ciertos alimentos generando reacciones alérgicas violentas. Pero nadie había logrado explicar con precisión por qué la mayoría de lo que comemos es aceptado sin conflicto. Un equipo multidisciplinario de investigadores estadounidenses acaba de cerrar esa brecha del conocimiento.

Equipos de trabajo en Stanford University, el Salk Institute y New York University colaboraron en un estudio que identifica los fragmentos moleculares específicos que actúan como «señales de paz» ante el sistema inmunológico. Estos segmentos proteicos, conocidos técnicamente como epítopos, funcionan como un código de reconocimiento que le indica a nuestras defensas: «este alimento es amigable, déjalo pasar».

El trabajo liderado por la inmunóloga Jamie Blum y la profesora Elizabeth Sattely se enfocó en rastrear tres epítopos particulares presentes en alimentos vegetales cotidianos: soja, maíz y trigo. Lo fascinante es que estos fragmentos activan las células T reguladoras, que son como los «árbitros de paz» del sistema inmune, ordenando tolerancia en lugar de inflamación.

Por qué algunos alimentos son «amigos» y otros «enemigos»

La ciencia lleva décadas identificando las proteínas culpables de las alergias más comunes, como las del maní o el huevo. Cuando estas proteínas entran al cuerpo, el sistema inmune las interpreta como amenazas, generando anticuerpos que activan células inflamatorias y desencadenan síntomas adversos: picazón, hinchazón, dificultad para respirar o, en casos graves, shock anafiláctico.

Lo que faltaba era entender el proceso inverso. ¿Qué hace que el cuerpo acepte pacíficamente millones de moléculas extrañas cada día? Los investigadores se plantearon exactamente esa pregunta y diseñaron un experimento ingenioso: analizaron las células T reguladoras de ratones con dietas variadas para identificar a qué fragmentos proteicos se adherían específicamente.

El resultado fue revelador. Encontraron que el maíz, el trigo y la soja contienen epítopos que el sistema inmune reconoce como seguros. Esto explica por qué el maíz casi nunca causa alergias, mientras que la soja, a pesar de tener un epítopo tolerante, sigue siendo un alérgeno relevante en ciertos grupos poblacionales. La variabilidad individual en la tolerancia sigue siendo un misterio que requiere más investigación.

Un hallazgo adicional fue particularmente interesante: el receptor inmunológico que reconoce la soja también puede identificar proteínas de sésamo. Esto explica el fenómeno de la tolerancia cruzada, donde la aceptación de un alimento se extiende a otros similares.

Hacia terapias inmunológicas personalizadas

Las implicaciones de este descubrimiento van mucho más allá de la curiosidad académica. Si los científicos logran programar células T reguladoras para reconocer epítopos específicos de alérgenos problemáticos, podrían reducir significativamente la incidencia de alergias alimentarias que hoy afectan al 6% de los niños y al 3-4% de los adultos globalmente.

El equipo ya ha puesto a disposición de otros investigadores el reactivo desarrollado durante esta investigación, acelerando el camino hacia aplicaciones clínicas. Las instituciones involucradas, incluyendo el Salk Institute, subrayan que este avance no solo beneficiará a personas con alergias, sino que también podría informar estrategias para tratar enfermedades autoinmunes donde el sistema inmune ataca erróneamente al propio cuerpo.

Como lo expresó Blum en el comunicado oficial: «La dieta es nuestra interacción más íntima con el entorno. Reconocer correctamente los alimentos como seguros crea un ambiente antiinflamatorio que favorece la absorción de nutrientes y previene las alergias». Este enfoque integral sugiere que las futuras terapias no solo buscarán bloquear reacciones alérgicas, sino potenciar activamente los mecanismos naturales de tolerancia del cuerpo.

Los próximos pasos incluyen adaptar el método para estudiar la respuesta inmunológica en seres humanos, validando en personas lo que ya se ha demostrado en modelos animales y cultivos celulares. La colaboración entre Stanford, Salk, New York University, Harvard y Chan Zuckerberg Biohub promete acelerar este proceso, transformando el conocimiento fundamental en intervenciones terapéuticas concretas que podrían cambiar la vida de millones de personas con alergias alimentarias.

Autor
Editorial