La discontinuación de medicamentos GLP-1 genera un fenómeno de recuperación de peso significativamente más rápido que el observado en personas que logran adelgazar mediante modificaciones en su estilo de vida. Así lo demostró una exhaustiva revisión de investigaciones científicas coordinada por expertos de la Universidad de Oxford, cuyos hallazgos fueron publicados en la revista The BMJ.
Los investigadores analizaron datos de 37 estudios que incluyeron a más de 9.300 adultos, encontrando que la recuperación promedia aproximadamente 0,3 kilogramos mensuales tras la interrupción del tratamiento farmacológico. Esta velocidad contrasta notablemente con lo que sucede cuando las personas pierden peso a través de dieta y ejercicio supervisados.
¿Cómo funcionan estos medicamentos? Los fármacos GLP-1 —que incluyen marcas comerciales como Ozempic, Wegovy, Mounjaro y Zepbound— imitan la acción de una hormona natural producida por el cuerpo. Esta sustancia comunica al cerebro e intestino la sensación de saciedad, reduciendo el apetito y ralentizando el tránsito digestivo. Adicionalmente, aumentan la secreción de insulina para regular los niveles de glucosa en sangre.
Sam West, investigador postdoctoral en la Universidad de Oxford y autor principal del estudio, ofreció una perspectiva importante: «Esto no es un fallo de los medicamentos: refleja la naturaleza de la obesidad como una condición crónica y recurrente». Sin embargo, advirtió sobre la importancia de no depender exclusivamente de estos fármacos sin un enfoque integral que incluya cambios conductuales sostenibles.
Adam Collins, profesor de nutrición en la Universidad de Surrey, proporcionó explicaciones plausibles sobre este fenómeno. Según su análisis, la administración prolongada de niveles artificialmente elevados de GLP-1 puede reducir la producción natural de esta hormona y disminuir la sensibilidad del cuerpo a sus efectos. Al suspender la medicación, el organismo se encuentra en una posición vulnerable, con menor capacidad para autorregular el apetito.
Collins comparó esta situación con una dependencia: «Como cualquier adicto, dejarlo de golpe es un verdadero desafío». El riesgo se amplifica cuando la pérdida de peso se ha logrado únicamente mediante farmacoterapia, sin que la persona haya desarrollado habilidades conductuales y nutricionales para mantener sus resultados.
Es importante considerar algunas limitaciones en los hallazgos. Marie Spreckley, investigadora en obesidad de la Universidad de Cambridge, señaló que las proyecciones a dos años se basan en extrapolaciones matemáticas, no en datos observados directamente, ya que los períodos de seguimiento tras la suspensión de estos medicamentos más nuevos apenas alcanzan los 12 meses. Por lo tanto, las conclusiones a largo plazo deben interpretarse como sugerentes más que definitivas.
Implicaciones para la práctica clínica:
- El manejo de la obesidad requiere una planificación a largo plazo y no debe reducirse a intervenciones farmacológicas aisladas
- Es fundamental que los servicios de salud anticipen la necesidad de apoyo nutricional y conductual continuo tras la suspensión del tratamiento
- Se requiere mayor investigación sobre estrategias escalables para mantener el peso en combinación con farmacoterapia
- Los beneficios cardiometabólicos pueden disminuir conforme se recupera el peso, lo que subraya la importancia del seguimiento médico
La adopción masiva de estos medicamentos ha sido notable: más de 15 millones de estadounidenses actualmente utilizan fármacos GLP-1 para perder peso. Este fenómeno global requiere que tanto profesionales sanitarios como pacientes comprendan que estos medicamentos son herramientas efectivas pero no soluciones definitivas cuando se utilizan de manera aislada. La evidencia sugiere que el éxito sostenido depende de una estrategia integral que combine farmacoterapia con cambios conductuales duraderos y apoyo profesional continuo.