Instagram Twitter
RedSaludArgentina

Fibrosis cardíaca silenciosa: el riesgo oculto del deporte intenso después de los 50

Un hallazgo preocupante emerge de la medicina deportiva moderna: el corazón entrenado durante décadas puede desarrollar cambios silenciosos que se transforman en peligrosos bajo esfuerzo. Una investigación británica enciende alertas sobre qué vigilar.

Autor
Editorial

Compartir

El ejercicio intenso, ¿enemigo silencioso del corazón veterano?

Durante años, la comunidad médica ha promovido sin reservas los beneficios cardiovasculares de la actividad física sostenida. Sin embargo, una investigación reciente de la Universidad de Leeds sugiere que esta ecuación se complica significativamente en un grupo específico: atletas mayores de 50 años que entrenan de forma exigente durante décadas.

El trabajo, publicado en la revista European Journal of Preventive Cardiology y respaldado por la Fundación Británica del Corazón, siguió durante más de dos años a 106 ciclistas y triatletas que dedican más de 10 horas semanales al entrenamiento desde hace al menos 15 años. Los hallazgos desafían la noción de que más ejercicio siempre equivale a mejor salud cardiovascular.

¿Qué son esas «cicatrices» cardíacas que nadie menciona?

En términos médicos, se conocen como fibrosis miocárdica: zonas del corazón donde el tejido muscular se endurece y pierde elasticidad. A diferencia de una cicatriz visible en la piel, estas marcas internas alteran la forma en que el corazón transmite sus señales eléctricas, el mecanismo que controla el ritmo de los latidos.

Estas cicatrices pueden originarse por varias causas:

  • Infartos previos
  • Enfermedades cardíacas diagnosticadas
  • Posiblemente, el desgaste acumulado de años de entrenamiento intenso (teoría aún en estudio)

Lo inquietante es que muchas personas desconocen que las tienen. No generan síntomas en la vida cotidiana y pueden pasar completamente desapercibidas hasta que una situación de esfuerzo las delata.

Los números que preocupan a los cardiólogos

Durante el seguimiento, el 23,5% de los participantes experimentó algún episodio de arritmia ventricular: un ritmo cardíaco rápido e irregular potencialmente peligroso. La correlación fue reveladora:

  • 76% de quienes sufrieron arritmias presentaban fibrosis en sus resonancias magnéticas
  • Solo 38% de quienes no tuvieron arritmias mostraba estas cicatrices
  • Todas las arritmias más graves (taquicardia ventricular sostenida) ocurrieron durante el ejercicio y exclusivamente en atletas con fibrosis

Un dato crucial que desmorona una creencia común: no hubo diferencias en la cantidad, intensidad ni tipo de entrenamiento entre quienes desarrollaron arritmias y quienes permanecieron sin problemas. El factor determinante estaba adentro del corazón, no en el calendario de entrenamientos.

El ejercicio como gatillo, no como causa

Según Wasim Javed, autor principal del estudio, «el ejercicio solo aumenta el riesgo de ritmos cardíacos anormales en personas que ya presentan cicatrices en el corazón». Esta distinción es fundamental: la actividad física no causa la fibrosis, pero puede actuar como disparador en corazones vulnerables.

Los investigadores utilizaron una metodología extraordinariamente rigurosa. Implantaron monitores cardíacos bajo la piel de cada participante y complementaron el seguimiento con tecnología vestible de última generación. Esto permitió registrar con precisión sin precedentes cuándo ocurrían las arritmias y en qué contexto de ejercicio sucedían.

Señales de alerta que no deben ignorarse

Uno de los hallazgos más clínicamente útiles fue que los atletas con mayor riesgo mostraban avisos previos. Las arritmias graves no aparecían de repente; iban precedidas por episodios más breves y, frecuentemente, asintomáticos.

Los expertos recomiendan que quienes entrenan intensamente y superan los 50 años presten atención a:

  • Palpitaciones irregulares o aceleradas
  • Mareos o sensaciones de desvanecimiento
  • Dolor o presión en el pecho
  • Fatiga inusual durante el ejercicio

Si alguno de estos síntomas aparece, la consulta médica no es opcional.

Más allá del electrocardiograma tradicional

El cardiólogo y electrofisiólogo Mario Fitz Maurice, director médico de INADEA y jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Rivadavia en Buenos Aires, subraya un problema crítico en la práctica actual: los controles estándar pueden no detectar el riesgo real.

Los chequeos habituales incluyen historia clínica, electrocardiograma en reposo, prueba de esfuerzo y, ocasionalmente, ecocardiograma. El problema es que muchos atletas asintomáticos presentan un ECG completamente normal y un ecocardiograma que no revela fibrosis. El estudio británico identificó que la resonancia magnética cardíaca fue el estudio más asociado con la detección de fibrosis, pero este no forma parte del tamizaje estándar en deportistas.

Además, un Holter convencional de 24 a 48 horas tiene sensibilidad limitada. Las arritmias en este estudio se detectaron con monitoreo continuo durante más de dos años, lo que explica la alta incidencia observada. Episodios nocturnos o esporádicos pueden pasar completamente desapercibidos en estudios convencionales.

¿Se puede revertir la fibrosis miocárdica?

Lamentablemente, la respuesta es no. La fibrosis implica el reemplazo del tejido muscular cardíaco por colágeno. Una vez que ese tejido se forma, no vuelve a ser miocardio contráctil ni eléctricamente homogéneo. Con la evidencia actual, la fibrosis establecida no se considera reversible en sentido estricto.

Esto significa que el enfoque no es «curar» la cicatriz, sino estratificar el riesgo y reducir los disparadores. No existe evidencia de que «entrenar un poco menos» evite la fibrosis si ya existe predisposición genética o individual.

Susceptibilidad individual: por qué algunos atletas y otros no

Un interrogante fascinante surge del estudio: ¿por qué dos atletas con el mismo régimen de entrenamiento pueden tener respuestas miocárdicas completamente distintas? Fitz Maurice señala varios factores potenciales:

  • Microinflamación repetida con diferente intensidad según el individuo
  • Estrés mecánico variable del ventrículo derecho
  • Posibles factores genéticos no detectados aún
  • Predisposición individual a la fibrosis

Probablemente exista una susceptibilidad inherente que explique por qué algunos corazones desarrollan cicatrices y otros, bajo el mismo esfuerzo, permanecen intactos.

Recomendaciones prácticas para atletas veteranos

El mensaje final no es de alarma generalizada, sino de vigilancia inteligente. Los expertos sugieren:

  • Chequeos cardíacos regulares adaptados a atletas de alto rendimiento
  • Considerar resonancia magnética cardíaca en subgrupos seleccionados
  • Monitoreo continuo mediante dispositivos wearables avanzados
  • Presencia de desfibriladores automáticos en espacios deportivos
  • Personal entrenado en RCP en centros de entrenamiento
  • Atención inmediata a cualquier síntoma cardiovascular

Como enfatiza Fitz Maurice, «si las arritmias graves tienden a aparecer durante el esfuerzo, entonces la presencia de desfibriladores automáticos y personal entrenado en RCP en espacios deportivos no es un lujo. Es una necesidad sanitaria básica. La sobrevida depende, literalmente, de los primeros minutos».

El balance entre beneficio y riesgo

Es fundamental no caer en el extremo opuesto: restringir el ejercicio en personas mayores. Como subraya Javed, «el ejercicio tiene muchísimos beneficios y es seguro para casi todos». Sin embargo, quienes forman parte del grupo de riesgo específico —atletas veteranos con entrenamiento intenso de décadas— deberían controlarse para entrenar de la forma más saludable posible.

La medicina moderna debe reconocer que el corazón entrenado durante años puede desarrollar cambios que no siempre son inocentes. Esto no invalida los beneficios del ejercicio, pero sí exige un enfoque más sofisticado en la evaluación y seguimiento de deportistas mayores que se mantienen activos en disciplinas exigentes como ciclismo y triatlón.

Autor
Editorial