Las prácticas curativas milenarias están ganando terreno en la agenda sanitaria global. Especias como el jengibre y la canela, junto con otros remedios ancestrales, no son meros condimentos sino herramientas terapéuticas con respaldo científico creciente. Esta semana, la Organización Mundial de la Salud (OMS) realiza su segunda cumbre dedicada a la medicina tradicional, complementaria e integrativa en India, donde se debaten usos basados en evidencia de estas prácticas.
La brecha entre demanda y financiación es abismal. Mientras que entre el 40 y el 90% de las poblaciones en países miembros de la OMS recurren a medicina tradicional, apenas el 1% de la inversión global en salud respalda investigación en este campo. Además, existe una distribución desigual de políticas nacionales sobre estas disciplinas según las regiones, lo que refleja una falta de coordinación internacional.
¿Por qué existe tan poca financiación? ¿Es la medicina ancestral un tratamiento, un estilo de vida o ambas cosas? Para responder estas preguntas, especialistas como Rabinarayan Acharya, director general del Consejo Central de Investigación en Ciencias Ayurvédicas de India (CCRAS), ofrecen perspectivas fundamentales sobre cómo estas disciplinas pueden complementar la medicina convencional.
Más allá del tratamiento: una filosofía de vida
Acharya destaca que el Ayurveda trasciende la noción simplista de «medicina» o «estilo de vida». Se trata de un sistema integral que enfatiza prácticas cotidianas saludables, dietética apropiada y conducta ética para mantener el equilibrio corporal y prevenir enfermedades. Cuando la enfermedad ya está presente, ofrece medidas terapéuticas estructuradas que buscan restaurar la homeostasis del organismo, no solo aliviar síntomas.
Esta orientación holística resulta especialmente relevante en el contexto actual, donde las enfermedades no transmisibles dominan la carga de morbilidad global. Muchas de estas condiciones —diabetes, hipertensión, obesidad— están impulsadas por factores modificables como dietas inadecuadas, sedentarismo, estrés y exposiciones ambientales. Aquí es donde los sistemas ancestrales ofrecen un enfoque preventivo y de promoción de la salud que complementa perfectamente los objetivos de la salud pública moderna.
Investigación rigurosa: cerrando la brecha de evidencia
El CCRAS trabaja directamente en lo que la OMS ha identificado como necesidad crítica: generar evidencia robusta sobre seguridad, efectividad y uso apropiado de medicinas tradicionales. Para ello, diseña estudios clínicos metodológicamente rigurosos, investigaciones observacionales y evaluaciones de salud pública que respetan tanto los principios clásicos de estas disciplinas como los estándares científicos y éticos contemporáneos.
Las iniciativas de investigación abarcan:
- Desarrollo de fármacos basados en plantas medicinales
- Investigación clínica y farmacológica
- Estudios epidemiológicos
- Evaluación de sistemas de salud
- Investigación de plantas medicinales
Este enfoque integral permite generar evidencia a lo largo de toda la cadena de investigación, desde la prevención hasta el tratamiento, rehabilitación y cuidados paliativos.
El desafío de la financiación: estructura, no falta de relevancia
La escasez de recursos no refleja una carencia de demanda o utilidad. Más bien, sistemas complejos como el Ayurveda, que son individualizados y se entregan como intervenciones holísticas, no encajan fácilmente en los marcos de investigación biomédica convencional que dominan las prioridades de financiación global. Esto genera un círculo vicioso: sin fondos, hay menos investigación; sin investigación, hay menos reconocimiento institucional.
Romper este ciclo requiere un cambio estratégico hacia la integración informada por evidencia, tal como propone la Estrategia Global de Medicina Tradicional 2025-2034 de la OMS. Esto implica inversión sostenida en investigación de alta calidad que demuestre seguridad, efectividad y valor en salud pública, además de incorporar prácticas validadas en políticas sanitarias nacionales.
Integración, no sustitución
La perspectiva de especialistas como Acharya es cautelosamente optimista. Existe un reconocimiento creciente de que la medicina tradicional no reemplaza la atención convencional, sino que la complementa. En un contexto donde los sistemas de salud enfrentan presión por enfermedades crónicas, envejecimiento poblacional y limitaciones de recursos, esta sinergia resulta estratégica.
Un ejemplo concreto es la Withania somnifera (Ashwagandha), utilizada tradicionalmente como adaptógeno en Ayurveda. Estudios recientes sugieren su potencial para reducir síntomas de depresión y ansiedad, con un perfil de seguridad favorable, demostrando cómo la investigación rigurosa puede validar y potenciar estas prácticas ancestrales en contextos modernos.
La pregunta ya no es si la medicina tradicional tiene lugar en los sistemas sanitarios del siglo XXI, sino cómo estructurar la investigación, financiación e integración política para que estas disciplinas contribuyan efectivamente a la salud pública global.