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Nutrición en verano: calorías y estrategias alimentarias según cada edad

Cuando el termómetro trepa sin piedad, surge la duda sobre si conviene reducir la ingesta calórica. La realidad es que las necesidades energéticas no cambian, pero sí debe transformarse la manera de alimentarse y rehidratarse según cada grupo etario.

Autor
Editorial

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Durante las olas de calor intenso, es frecuente que surjan interrogantes sobre cómo ajustar la alimentación. Muchas personas creen que deben comer menos cuando las temperaturas son extremas, pero las necesidades calóricas permanecen estables durante todo el año, incluso en períodos de calor sofocante. Lo que sí varía es la estrategia nutricional y la forma de mantener el cuerpo hidratado.

Según especialistas en nutrición, el enfoque no debería centrarse en consumir más o menos calorías, sino en qué tipo de alimentos se ingieren y cómo se hidrata el organismo. Esta distinción es fundamental para entender que el calor extremo no exige una «dieta especial», sino una adaptación inteligente de los hábitos alimentarios al contexto climático.

Requerimientos calóricos por grupo de edad

Los requerimientos energéticos varían según la edad, pero permanecen constantes independientemente de la estación. En el caso de los niños pequeños, entre 2 y 6 años, la ingesta diaria oscila entre 1.000 y 1.800 kilocalorías, dependiendo fundamentalmente de su nivel de actividad física y metabolismo individual.

Para adolescentes y adultos, las calorías necesarias se determinan por múltiples factores:

  • Edad y sexo del individuo
  • Grado de actividad física realizada
  • Metabolismo basal particular
  • Composición corporal

Es importante aclarar que la temperatura ambiente no influye en estos valores calóricos. Lo que sí cambia es cómo el cuerpo procesa y utiliza esa energía en condiciones de calor extremo.

Pautas nutricionales según organismos internacionales

La Organización Mundial de la Salud establece recomendaciones precisas para una alimentación equilibrada que se aplican durante todo el año:

  • Grasas: no deben superar el 30% del consumo energético diario
  • Azúcares libres: limitados a menos del 10% del total calórico, idealmente al 5%
  • Sodio: mantener la ingesta por debajo de 5 gramos diarios
  • Alimentos base: frutas, verduras, legumbres y cereales integrales

Estas directrices contribuyen a mejorar el estado nutricional general y prevenir complicaciones derivadas de una alimentación inadecuada, sin que sea necesario modificarlas por cuestiones estacionales.

Consideraciones especiales por grupo etario

Aunque las calorías se mantengan constantes, cada grupo de edad presenta necesidades particulares durante el calor:

En niños: la cantidad de calorías responde principalmente al crecimiento y la actividad física. Las comidas muy calóricas o ricas en grasas pueden intensificar la fatiga y el malestar térmico, por lo que se recomienda priorizar preparaciones livianas y frescas.

En adultos: es fundamental evitar comidas copiosas que dificulten la digestión. Las preparaciones frías o templadas, junto con proteínas magras, resultan más adecuadas para mantener el confort durante el calor.

En mayores de 60 años: la prioridad se centra en garantizar un aporte suficiente de proteínas y micronutrientes, combinado con una ingesta adecuada de líquidos a lo largo del día. Las preparaciones simples, fáciles de masticar y digerir, son preferibles en este grupo.

Hidratación: la estrategia preventiva más importante

Durante los días de calor extremo, el riesgo de deshidratación aumenta significativamente. Niños y adultos mayores presentan una menor percepción de la sed y resultan especialmente vulnerables a sus efectos.

La recomendación clave es implementar una hidratación anticipatoria: no esperar a sentir sed para beber agua. El agua constituye la base de la hidratación, aunque también aportan líquidos las infusiones frías, caldos livianos y frutas y verduras con alto contenido de agua.

Para quienes realizan actividad física intensa, transpiran abundantemente o trabajan expuestos al calor, puede ser necesario reponer sodio y otros electrolitos. El consumo exclusivo de agua en grandes cantidades podría no ser suficiente para restablecer el equilibrio mineral del organismo.

Es importante destacar que el alcohol y las bebidas azucaradas no hidratan. El alcohol puede incluso potenciar la deshidratación y aumentar el riesgo de golpe de calor, por lo que su consumo debe evitarse en días de temperaturas extremas.

Alimentos recomendados versus alimentos a evitar

Durante el calor intenso, la alimentación debe orientarse a favorecer la digestión, la hidratación y la regulación térmica. Los especialistas recomiendan dar preferencia a:

  • Frutas y verduras frescas de temporada
  • Preparaciones livianas, frías o templadas
  • Proteínas magras: pescado, huevo, carnes blancas
  • Legumbres bien toleradas
  • Comidas fraccionadas a lo largo del día en lugar de platos abundantes

Por el contrario, conviene moderar o evitar:

  • Comidas muy grasas o fritas
  • Platos copiosos y pesados
  • Consumo de alcohol
  • Ultraprocesados y alimentos altamente refinados

Las comidas fraccionadas resultan más adecuadas que los platos abundantes, ya que facilitan la digestión y evitan sobrecargar el sistema digestivo en momentos de calor.

El equilibrio energético como principio fundamental

El equilibrio energético es central para mantener el peso corporal estable durante todo el año. Este concepto establece que la energía consumida debe igualar la utilizada por el cuerpo. Un exceso calórico sostenido se traduce en aumento de peso, mientras que un déficit genera pérdida de peso.

La Academia Americana de Pediatría recomienda no restringir calorías en niños sin indicación médica específica y planificar las porciones según la edad y el nivel de actividad. Un exceso calórico persistente, sin gasto energético suficiente, puede derivar en sobrepeso y complicaciones metabólicas.

En adultos mayores, se insiste especialmente en monitorear la hidratación y asegurar una alimentación balanceada que responda a sus necesidades particulares.

Síntesis de recomendaciones prácticas

La llegada de temperaturas extremas no implica comer menos, sino elegir mejor y beber suficiente agua. Las recomendaciones de los especialistas buscan evitar riesgos y promover hábitos que favorezcan la salud integral en todas las edades. No se trata de adoptar una «dieta de verano» restrictiva, sino de adaptar inteligentemente la alimentación al contexto climático y a las necesidades fisiológicas particulares de cada persona.

Autor
Editorial