Cuando la visión empieza a fallar, la búsqueda de una solución puede volverse desesperada. Y en ese terreno fértil, florecen las ofertas milagrosas. Un estudio internacional reciente puso números a una realidad incómoda: casi una de cada cinco personas con problemas oculares se cruzó con tratamientos que luego consideró fraudulentos.
La investigación, liderada por Lee Jones, investigador postdoctoral en oftalmología del University College London, encuestó a 955 adultos con enfermedades oculares diagnosticadas en Estados Unidos y el Reino Unido. Los resultados, publicados en JAMA Ophthalmology el 24 de septiembre, revelan un panorama preocupante.
El dato que más golpea: algunos pacientes llegaron a pagar hasta 13.300 dólares por terapias que después resultaron ser un fiasco. No hablamos de unos pocos pesos, sino de verdaderas fortunas destinadas a supuestas curas sin sustento.
¿Qué tipo de engaños circulan? La lista es variada y apela a distintas promesas:
- Suplementos nutricionales y vitaminas presentados como soluciones mágicas.
- Terapias alternativas como acupuntura u homeopatía.
- Tratamientos regenerativos con células madre, muchas veces sin aval clínico.
- Dispositivos electromagnéticos y ungüentos tópicos de dudosa eficacia.
El estudio encontró que el 58,1% de los pacientes escuchó hablar de estas terapias por primera vez en internet. Sin embargo, y acá está el punto más delicado, la probabilidad de que alguien probara un tratamiento dudoso aumentaba considerablemente si un profesional de la salud ocular lo recomendaba.
Entre quienes se encontraron con estas ofertas, uno de cada cuatro decidió avanzar. Los pacientes estadounidenses mostraron una mayor tendencia a toparse con estas propuestas y a probarlas, en comparación con los británicos.
Del otro lado de la vereda, el 80% de quienes rechazaron un tratamiento lo hizo por falta de pruebas científicas. Muchos también siguieron el consejo de un médico de confianza para evitar caer en la trampa.
Pero no todos salieron ilesos. Quienes se sometieron a estas terapias reportaron, en algunos casos, efectos secundarios graves: empeoramiento de la visión, más síntomas oculares e incluso un deterioro general de la salud. A eso se suma el daño al bolsillo.
Para Jones, la conclusión es clara: «lo que hemos demostrado es la importancia de ayudar a los pacientes a distinguir entre tratamientos basados en la evidencia y afirmaciones empresariales no fundamentadas». El investigador también subrayó la necesidad de una comunicación clara y basada en la evidencia entre médicos y pacientes, sobre todo en un contexto donde el marketing online no para de crecer.
La pregunta que queda flotando es incómoda: ¿cuántas de estas terapias siguen vendiéndose como panaceas mientras la ciencia mira para otro lado? La respuesta, por ahora, la tiene el mercado.