La oncología viene coqueteando hace años con una promesa que ahora empieza a mostrar números concretos: vacunas terapéuticas diseñadas a medida de cada tumor. Un ensayo clínico de fase 3 presentado en el congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO), en Madrid, puso sobre la mesa resultados que generaron expectativa en la comunidad científica.
El trabajo evaluó intismeran, una vacuna personalizada contra el cáncer, en pacientes con melanoma en etapas avanzadas que ya habían pasado por cirugía. La conclusión central: sumarla a la inmunoterapia estándar redujo un 42% el riesgo de muerte o de que la enfermedad volviera.
Cómo funciona una vacuna hecha a medida
La lógica detrás de intismeran no es la de una vacuna clásica, esas que se aplican iguales a millones de personas. Acá el punto de partida es el tumor extirpado de cada paciente: se lo secuencia genéticamente para identificar sus particularidades y, con esa información, se fabrica una fórmula de ARNm que funciona como una suerte de «cartel de se busca» molecular.
Ese instructivo le indica al sistema inmunológico qué señales debe rastrear y atacar para eliminar las células cancerosas residuales que puedan haber quedado después de la operación. Cada dosis personalizada puede incluir hasta 34 señales genéticas distintas, según explicaron los responsables del estudio.
La investigadora principal, Georgina Long, del Instituto de Melanoma de Australia, lo resumió como el primer estudio de fase 3 que demuestra que un tratamiento construido a partir de la identidad única del tumor de un paciente puede bajar el riesgo de recaída o muerte.
Los números del ensayo
El estudio incluyó a 1.137 adultos con melanomas avanzados ya operados. Todos recibieron pembrolizumab, un fármaco de inmunoterapia que ayuda al organismo a detectar y atacar las células tumorales. A dos tercios de los participantes (757) se les agregó intismeran, mientras que los 380 restantes recibieron un placebo.
Tras un seguimiento mediano de dos años, los resultados fueron los siguientes:
- Más del 82% de los vacunados seguía vivo y sin cáncer, frente al 70% del grupo que solo recibió pembrolizumab.
- La reducción del riesgo de recaída o muerte alcanzó el 42%.
- Los efectos adversos fueron similares en ambos grupos: casi 24% en la combinación contra 20% con la inmunoterapia sola.
- Las molestias más frecuentes fueron fiebre, dolor en el sitio de la inyección y cansancio.
Entusiasmo con cautela
El oncólogo James Larkin, copresidente científico del congreso y ajeno al estudio, consideró que los datos representan un avance relevante para el tratamiento adyuvante del melanoma en etapas 2 y 3, y destacó que la combinación se tolera bien desde el punto de vista de los efectos secundarios.
Sin embargo, los propios investigadores pusieron paños fríos: el seguimiento debe prolongarse para conocer el impacto real sobre la supervivencia global y específica del melanoma, y para determinar qué subgrupos de pacientes obtienen el mayor beneficio. Para Long, de todos modos, cada mes extra sin enfermedad ya es una ganancia concreta para quien atraviesa un melanoma.
El equipo también explora si esta plataforma de vacunas podría aplicarse a cáncer de pulmón, vejiga y riñón. Vale la aclaración habitual: los resultados presentados en congresos médicos se consideran preliminares hasta su publicación en una revista con revisión de pares.