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RedSaludArgentina

El monitoreo continuo de glucosa mejora el control de la diabetes tipo 2 sin insulina

La evidencia sobre el manejo de enfermedades crónicas sigue sumando capítulos. Un dispositivo de monitoreo glucémico demuestra beneficios en pacientes que aún no dependen de insulina, mientras una píldora para colitis ulcerosa muestra tasas de respuesta alentadoras y un estudio cuestiona el supuesto silencio biológico de los ovarios tras la menopausia.

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Editorial
El monitoreo continuo de glucosa mejora el control de la diabetes tipo 2 sin insulina

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La diabetes tipo 2 es una de esas condiciones que se llevan adelante con paciencia y constancia. Durante años, el monitoreo continuo de glucosa estuvo reservado casi exclusivamente a quienes necesitaban insulina. Sin embargo, un ensayo de seis meses con 283 adultos acaba de mostrar que ese dispositivo también puede marcar una diferencia sustancial en personas que todavía no requieren inyecciones.

El estudio, publicado en The New England Journal of Medicine, evaluó el uso del Dexcom G7, un pequeño disco plástico que se adhiere al brazo y mide la glucosa de forma constante. La mitad de los participantes lo utilizó; la otra mitad recibió la atención habitual.

Los números hablan por sí solos:

  • La hemoglobina A1c cayó de 8,8% a 7,2% en el grupo con monitoreo, mientras que en el grupo de atención estándar bajó de 8,7% a 8,0%.
  • Tras ajustar por factores de riesgo, la reducción fue casi un punto porcentual mayor entre quienes usaron el dispositivo.
  • Los usuarios del G7 pasaron aproximadamente cinco horas más por día dentro del rango objetivo de glucosa (70 a 180 mg/dL).

El beneficio se mantuvo sin importar edad, sexo, origen étnico, índice de masa corporal, nivel educativo, ingresos ni cobertura de salud. Al final del estudio, el 97% seguía usando el monitor, la mayoría a diario. Roy Beck, del Jaeb Center for Health Research en Tampa, fue categórico: “La consistencia del beneficio respalda considerar el uso de un monitor continuo mucho antes en el manejo de la diabetes tipo 2, antes de que sea necesaria la insulina”.

Una píldora que promete cambiar el tratamiento de la colitis ulcerosa

La colitis ulcerosa es una enfermedad inflamatoria intestinal que complica la vida de quien la padece. Los tratamientos actuales suelen ser engorrosos o poco efectivos en casos resistentes. Pero Johnson & Johnson acaba de dar un paso alentador con icotrokinra, un péptido oral que bloquea la interleucina 23 en células inmunitarias.

El ensayo de fase intermedia incluyó a 252 pacientes con colitis ulcerosa activa de moderada a grave. Se los dividió en grupos que recibieron 400, 200 o 100 miligramos diarios, o placebo. Los resultados a la semana 12 fueron contundentes:

  • Respuesta clínica: 63% con 400 mg, 58% con 200 mg y 55% con 100 mg, frente a 27% con placebo.
  • Remisión clínica (con 400 mg): 30% frente a 11% con placebo.
  • Remisión sintomática: 46% frente a 19%.
  • Mejoría endoscópica: 37% frente a 14%.

Lo más prometedor es que las remisiones observadas a las 12 semanas se mantuvieron hasta las 28 semanas. Maria Abreu, de Cedars-Sinai Medical Center, quien lideró el ensayo, destacó: “Icotrokinra fue eficaz incluso en pacientes difíciles de tratar que habían fracasado con esquemas previos. El hecho de que pueda tomarse por vía oral nos ayudará a ampliar las opciones”.

Los investigadores ya piensan en estudiar el fármaco para la enfermedad de Crohn, mientras la farmacéutica busca ampliar sus aprobaciones.

Los ovarios no se apagan después de la menopausia

Durante décadas se asumió que los ovarios quedaban biológicamente inactivos tras la menopausia. Un estudio publicado en Aging Cell viene a romper ese mito. Al analizar 28 ovarios de mujeres dentro de los 25 años posteriores a la menopausia, los investigadores encontraron cambios asociados a la edad, como mayor inflamación y remodelación de tejidos.

En los ovarios de mujeres posmenopáusicas más jóvenes predominaban proteínas vinculadas al mantenimiento celular y la estructura tisular. En los de mayor edad, aumentaban las relacionadas con inflamación, actividad inmunitaria y degradación del tejido que rodea las células.

Aunque todas las muestras parecían normales y sin cáncer, algunas proteínas previamente asociadas al cáncer de ovario eran más abundantes en los tejidos envejecidos. Francesca Duncan, de Northwestern University Feinberg School of Medicine y codirectora del estudio, aclaró: “No es que todas las mujeres posmenopáusicas desarrollen cáncer de ovario, pero sabemos que el entorno inflamatorio fibrótico es un terreno donde las células cancerosas prefieren establecerse”.

Los investigadores fueron claros: estos hallazgos no justifican extirpar ovarios sanos después de la menopausia. Pero abren la puerta a investigaciones sobre medicamentos dirigidos al ovario envejecido para reducir el riesgo de cáncer y sobre nuevos biomarcadores para detectarlo a tiempo.

Tres investigaciones, tres frentes distintos, pero una misma idea de fondo: la medicina sigue encontrando respuestas donde antes solo había preguntas.

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Editorial