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La ansiedad diaria ya afecta a casi uno de cada cinco jóvenes estadounidenses

La pospandemia dejó una huella profunda en la salud mental de los jóvenes estadounidenses. Un análisis de casi 11.000 casos muestra cómo la ansiedad cotidiana, los diagnósticos y las recetas crecieron con fuerza entre 2020 y 2024, con brechas marcadas según género e identidad sexual.

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Editorial
La ansiedad diaria ya afecta a casi uno de cada cinco jóvenes estadounidenses

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La salud mental de los adultos jóvenes estadounidenses atraviesa un momento delicado. Según una investigación publicada en el American Journal of Public Health, casi el 20% de las personas de entre 18 y 25 años experimentó ansiedad todos los días durante 2024, un salto considerable frente al 15% registrado en 2020. El dato, lejos de ser menor, enciende una luz de alerta sobre las secuelas que dejó la pandemia en la psiquis de toda una generación.

El equipo liderado por Melissa Villodas, profesora adjunta de trabajo social en la Universidad George Mason, analizó datos de casi 11.000 adultos jóvenes que participaron en una encuesta federal de entrevistas de salud. La conclusión es contundente: las probabilidades de padecer ansiedad frecuente crecieron un 28% entre 2020 y 2024. En paralelo, las chances de recibir un diagnóstico treparon un 31% y el uso de medicamentos ansiolíticos un 32%.

Los números absolutos también reflejan ese deterioro. Los diagnósticos de ansiedad pasaron del 18% a más del 23%, mientras que las recetas de fármacos contra la ansiedad subieron del 10% al 13%. Para los investigadores, este fenómeno no puede desligarse del contexto: la soledad, la inestabilidad económica, el temor al contagio y la interrupción de hitos vitales como entrar a la universidad o al mercado laboral configuraron un cóctel explosivo.

“El aumento de la ansiedad en la cohorte de 2024 en comparación con la de 2020 requiere atención de salud pública sobre los posibles efectos a largo plazo de la pandemia en la salud mental de los adultos jóvenes”, advirtió el equipo en el trabajo. Y agregó un dato clave: este grupo ya mostraba el incremento más veloz de ansiedad antes de la crisis sanitaria y, por su etapa evolutiva, es especialmente vulnerable a un deterioro psicológico.

Brechas que no se pueden ignorar

El estudio no trata a los jóvenes como un bloque homogéneo. Al contrario, desnuda diferencias significativas según identidad sexual y género. Casi el 45% de los adultos jóvenes lesbianas, gays y bisexuales reportó un diagnóstico de ansiedad, frente al 19% de sus pares heterosexuales. En tanto, las recetas de medicamentos en ese subgrupo se duplicaron del 13% al 26%, mientras que entre los heterosexuales el salto fue mucho más modesto, del 9% al 10%.

La variable de género también marca una brecha profunda. Alrededor del 32% de las mujeres reportó un diagnóstico de ansiedad, contra el 15% de los hombres. Aproximadamente una de cada cuatro mujeres manifestó ansiedad diaria y una de cada cinco tomó medicamentos para tratarla. Además, los adultos jóvenes hispanos lesbianas, gays y bisexuales mostraron casi 4,7 veces más probabilidades de consumir ansiolíticos que sus pares hispanos heterosexuales.

“En lugar de asumir que todos los adultos jóvenes experimentan la ansiedad de la misma manera, estos hallazgos subrayan la importancia de considerar las múltiples identidades sociales y contextos que moldean las experiencias con la ansiedad”, señaló Villodas. La frase invita a repensar las políticas de salud mental con una mirada interseccional, donde el género, la orientación sexual y el origen cultural pesan tanto como la edad.

Qué se puede hacer frente a este escenario

Los especialistas coinciden en que detectar la ansiedad a tiempo cambia el pronóstico. Algunas señales de alerta para tener en cuenta:

  • Preocupación constante que interfiere con el estudio, el trabajo o los vínculos.
  • Problemas de sueño o sensación de cansancio permanente.
  • Irritabilidad, tensión muscular o dificultad para concentrarse.
  • Evitación de situaciones sociales o de responsabilidades cotidianas.

Ante la persistencia de estos síntomas, consultar con un profesional de la salud mental es el primer paso. El estudio deja una certeza incómoda: la ansiedad juvenil no es un problema individual, sino un desafío de salud pública que exige respuestas estructurales y sostenidas en el tiempo.

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