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Fenómenos marinos extremos: ¿volverán las olas gigantes a la costa?

La tarde del 12 de enero, miles de bañistas en la Costa Atlántica fueron sorprendidos por una súbita invasión del mar que arrastró personas y pertenencias. Este evento extremo reaviva interrogantes sobre la posibilidad de nuevas ocurrencias y sus causas científicas.

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Editorial

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Una crecida repentina del mar impactó durante la tarde del lunes en distintos balnearios de la costa bonaerense, generando pánico entre turistas y residentes. El fenómeno se caracterizó por un retroceso abrupto del agua seguido de una ola de gran envergadura que avanzó sobre la arena con violencia, arrastrando a bañistas y equipamiento de playa. El saldo fue de una persona fallecida y más de treinta heridos en zonas como Santa Clara del Mar, Punta Mogotes y La Caleta.

Los testimonios de quienes vivieron el evento coinciden en describir una experiencia aterradora: «el mar te arrastraba enseguida», relataron los afectados. La velocidad e intensidad del fenómeno sorprendió a guardavidas y personal de emergencias, quienes debieron actuar rápidamente para rescatar a personas atrapadas por las corrientes generadas.

Explicaciones científicas: ¿meteotsunami o virazón?

La comunidad científica se divide entre dos hipótesis principales para explicar lo ocurrido. La mayoría de especialistas identifica el evento como un meteotsunami, una ola de origen meteorológico generada por cambios bruscos en la presión atmosférica. Sin embargo, otros expertos sugieren que se trató de una virazón, un giro repentino en la dirección del viento que empujó masas de agua hacia la costa con inusitada fuerza.

El meteorólogo Mauricio Saldívar explicó el mecanismo de estos eventos: los cambios rápidos de presión atmosférica, frecuentemente asociados a frentes fríos o tormentas severas, generan ondas gravitatorias que amplifican las olas formadas por el viento. Según su análisis, el aire se comporta como el mar, moviéndose en ondas que pueden potenciar la altura del agua hasta casi dos metros, causando daños considerables pero de corta duración.

El geólogo Federico Isla, investigador del CONICET, sostiene una perspectiva diferente: «lo que ocurrió fue un fenómeno meteorológico donde el viento rotó 180 grados provocando cambios muy rápidos». Para Isla, se trató más de una subida del mar por efecto del viento que de un meteotsunami clásico, aunque reconoce que análisis posteriores permitirán confirmar la causa exacta.

¿Pueden repetirse estos eventos?

La posibilidad de nuevas ocurrencias existe, aunque depende de la coincidencia de múltiples factores atmosféricos y oceanográficos poco habituales. Los expertos advierten que la predicción de estos fenómenos resulta extremadamente difícil debido a la complejidad de variables involucradas: dirección, velocidad, amplitud y periodicidad de perturbaciones atmosféricas.

Sin embargo, el cambio climático introduce una variable preocupante. Saldívar señala que estudios recientes indican un incremento esperado en la frecuencia e intensidad de los meteotsunamis, ya que la alteración de patrones atmosféricos favorece estas condiciones. Sumado al aumento del nivel del mar, la resonancia atmósfera-océano podría potenciarse, amplificando los daños potenciales.

El especialista advierte: «muy probablemente haya más meteotsunamis en la costa argentina de lo que pensamos». Comunidades costeras del Mediterráneo ya registran mayor frecuencia de estos eventos, y la tendencia podría replicarse en aguas atlánticas argentinas.

Desde Defensa Civil bonaerense, Fabián García reconoce la dificultad de predicción: «esto es un evento imprevisible, son olas vagabundas que no tienen causas confirmadas por la ciencia». Sin embargo, destaca la importancia de mejorar los sistemas de monitoreo mediante boyas y sensores costeros para detectar tempranamente estas manifestaciones extremas.

Antecedentes históricos en la costa bonaerense

Este no es el primer evento de estas características registrado en la región. En diciembre de 2022, playas del sur de Mar del Plata sufrieron el impacto de olas inusuales tras el paso de un frente frío intenso. Investigadores del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero confirmaron condiciones meteorológicas compatibles con un meteotsunami, aunque los daños fueron menores por ocurrir durante la madrugada con playas vacías.

Los registros históricos revelan episodios aún más antiguos. El 21 de enero de 1954, una ola de «extraordinaria altura y violencia» sorprendió a miles de bañistas en la Playa Bristol durante una jornada calurosa. Según documentos de la época, «una ola gigante seguida de otras dos se extendió con violencia aluvional sobre la arena, arrastrando todo a su paso». Aunque no hubo víctimas fatales, se registraron once casos de personas asfixiadas que fueron reanimadas mediante maniobras de respiración artificial en la costa.

Nueve años antes, en 1945, la Escollera Norte fue escenario de un fenómeno similar: cuatro olas inmensas sorprendieron a veraneantes, dejando numerosos heridos y pánico generalizado. Estos antecedentes demuestran que la costa atlántica bonaerense posee una historia documentada de eventos extremos de este tipo, aunque espaciados en el tiempo.

Vigilancia y preparación como herramientas clave

Frente a la amenaza de nuevas ocurrencias, especialistas enfatizan la necesidad de mejorar sistemas de vigilancia científica y monitoreo avanzado. La instalación de boyas oceanográficas y sensores costeros resulta fundamental para detectar cambios atmosféricos y oceanográficos que preceden estos eventos, permitiendo alertas tempranas a la población.

La educación comunitaria también juega un rol importante. Conocer los signos de alerta —como retrocesos abruptos del agua o cambios inusuales en el comportamiento del mar— puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Los guardavidas, como expresó Nahuel Nardone del Sindicato de Guardavidas de Mar del Plata, requieren capacitación específica para identificar y responder a estos fenómenos meteorológicos extremos que, aunque infrecuentes, demuestran ser potencialmente catastróficos.

Mientras la ciencia continúa descifrando los misterios de estos eventos, la realidad es que la costa argentina debe prepararse para la posibilidad de nuevas manifestaciones, especialmente considerando cómo el cambio climático está alterando los patrones meteorológicos globales y locales.

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