Instagram Twitter Facebook
RedSaludArgentina

Cuando la excelencia médica enfrenta la crisis de financiamiento

Las instituciones de salud pública más reconocidas no escapan a los desafíos financieros. Un centro de referencia en oncología de Buenos Aires expone cómo incluso la excelencia clínica requiere del apoyo colectivo para sostenerse y evolucionar.

Autor
Editorial

Compartir

La paradoja de la excelencia sin recursos

El Instituto de Oncología Ángel Roffo, ubicado en el barrio porteño de Agronomía y dependiente de la Universidad de Buenos Aires, encarna una contradicción que atraviesa buena parte del sistema sanitario argentino. Se trata de una institución que combina reconocimiento clínico internacional con carencias estructurales profundas que ya no pueden ignorarse.

Este hospital escuela atiende anualmente a más de 110.000 pacientes, realiza cientos de internaciones mensuales y administra tratamientos complejos como quimioterapia, inmunoterapia y terapias dirigidas. Sin embargo, detrás de esa cifra impresionante se esconde una realidad menos visible: equipamiento obsoleto, infraestructura deteriorada y una lucha constante por mantener estándares de calidad con presupuestos insuficientes.

La institución ha decidido tomar una medida poco convencional para un organismo público: convocar activamente a la sociedad civil a través de una gala solidaria programada para finales de abril en Puerto Madero. El objetivo es recaudar fondos destinados a modernizar tecnología, mejorar infraestructura y optimizar condiciones tanto para pacientes como para el equipo profesional.

Las urgencias que no esperan

Entre las necesidades más críticas destaca la situación del área de radioterapia. El acelerador lineal principal lleva un año fuera de servicio, lo que representa un cuello de botella en el tratamiento de tumores sólidos. Su reemplazo demandaría aproximadamente 2 millones de dólares, una cifra prácticamente inaccesible en el contexto presupuestario actual. Intentar repararlo resultaría aún más costoso e ineficiente, considerando que la tecnología ya ha cumplido una década de uso intensivo.

A esta limitación se suman otras demandas pendientes:

  • Adquisición de un segundo tomógrafo para responder a la demanda creciente
  • Actualización de software médico esencial para diagnóstico y tratamiento
  • Finalización de obras de ampliación en áreas críticas como guardia e internación
  • Mejora de espacios para pacientes sometidos a tratamientos prolongados

El trabajo en equipo como fortaleza intangible

Pese a las limitaciones materiales, el instituto mantiene un activo que trasciende lo tangible: su enfoque multidisciplinario. Especialistas de distintas disciplinas trabajan de manera coordinada, transformando al hospital en un centro de referencia no solo para pacientes de todo el país, sino también de la región.

Esta capacidad de integración clínica ha permitido que el Roffo implemente avances significativos, como braquiterapia con planificación 3D, equipamiento moderno para diagnóstico endoscópico y ampliación de servicios de guardia. Sin embargo, estos logros conviven con infraestructura que evidencia el paso del tiempo, generando una postal de contrastes que refleja la realidad de muchas instituciones públicas.

El círculo vicioso del financiamiento

El funcionamiento cotidiano del instituto depende en gran medida del recupero de prestaciones a obras sociales, prepagas y organismos públicos. Este circuito, lejos de ser eficiente, genera deudas acumuladas, pagos demorados y rechazos administrativos que impactan directamente en la capacidad operativa.

Paralelamente, un porcentaje significativo de pacientes carece de cobertura o depende de sistemas que no siempre responden a tiempo. El resultado es una tensión constante entre la demanda creciente y los recursos disponibles, con pacientes que necesitan respuestas inmediatas en situaciones críticas.

El costo real de la medicina oncológica moderna

Detrás de cada cifra de atención hay historias clínicas complejas y tratamientos de alto costo. Una jornada de internación puede representar cientos de dólares; un tratamiento antibiótico de alta complejidad, decenas de miles. La medicina oncológica contemporánea exige recursos que crecen año a año, pero también demanda algo más difícil de cuantificar: condiciones dignas que incluyan tecnología de punta, espacios adecuados para pacientes y entornos de trabajo que cuiden a quienes cuidan.

Un desafío que interpela a toda la sociedad

Lo que sucede en esta institución no es un caso aislado, sino un reflejo del estado y los desafíos estructurales de la salud pública. Este no es únicamente un pedido de colaboración: es un llamado a la conciencia colectiva sobre la importancia de sostener el sistema sanitario público.

Porque los hospitales públicos siguen siendo el sostén del sistema. Porque incluso quienes cuentan con cobertura privada pueden, en algún momento, requerir de su capacidad de respuesta, especialización e infraestructura. Defender y fortalecer instituciones como esta no es solo solidaridad: es una inversión social estratégica que reconoce la salud como bien común.

El desafío futuro no consiste únicamente en sostener lo existente, sino en proyectarlo hacia adelante. En lugares como este no solo se tratan enfermedades: se construye, día a día, la base de un sistema sanitario que debe estar preparado para que todos accedan a atención de calidad.

Autor
Editorial