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RedSaludArgentina

AstraZeneca apuesta 40 millones de dólares a la IA para desentrañar el hígado graso y las cardiomiopatías

La farmacéutica británica pone fichas a la inteligencia artificial para encontrar dianas en enfermedades hepáticas y cardíacas que históricamente resistieron los tratamientos. La letra chica del acuerdo y por qué la detección temprana de mecanismos biológicos vale oro.

Autor
Editorial
AstraZeneca apuesta 40 millones de dólares a la IA para desentrañar el hígado graso y las cardiomiopatías

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La carrera por descifrar enfermedades que durante décadas se resistieron a la medicina tradicional sumó un nuevo capítulo. AstraZeneca firmó una alianza plurianual con la biotecnológica californiana Insitro para buscar tratamientos contra la esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica (MASH) y las cardiomiopatías, dos frentes donde las terapias eficaces brillan por su ausencia.

El anuncio, dado a conocer el 15 de octubre, contempla un desembolso inicial de 40 millones de dólares por parte de la farmacéutica británica. A eso se suman hasta 1.460 millones de dólares adicionales sujetos al cumplimiento de hitos de desarrollo y comerciales, más regalías de un dígito sobre las ventas futuras. Todo, claro, condicionado a que los programas avancen y rindan resultados.

Un reparto de tareas bien definido

La ingeniería del acuerdo separa aguas con precisión. Insitro se hará cargo de la etapa de descubrimiento valiéndose de su plataforma «Virtual Human», que cruza modelos celulares cultivados en laboratorio con aprendizaje automático. Su misión: identificar mecanismos biológicos causales y llevar las dianas propuestas por AstraZeneca hasta la selección de candidatos.

Después del handoff, la farmacéutica asumirá la ejecución y el financiamiento de los ensayos clínicos. Es decir, el riesgo de laboratorio queda del lado de la biotecnológica y el riesgo clínico, del gigante británico. Una división que dice mucho sobre cómo la industria reparte apuestas en la era de la IA.

Por qué MASH y las cardiomiopatías son un hueso duro

Ambas patologías comparten un problema de fondo: la dificultad para identificar sus causas biológicas primarias. MASH es una enfermedad hepática grave, mientras que las cardiomiopatías agrupan trastornos que afectan al músculo cardíaco. Sin comprender qué procesos las impulsan, desarrollar fármacos se vuelve un tiro al aire.

Ahí entra en juego la plataforma de Insitro, que busca evaluar conexiones biológicas y convertirlas en oportunidades terapéuticas antes de que el resto de la industria las detecte. «Para cuando leemos sobre una nueva vía o diana en las principales revistas científicas, ya no es novedosa», explicó Sharon Barr, vicepresidenta ejecutiva de I+D de Biofármacos de AstraZeneca.

La ejecutiva fue más allá: «Cuando identificamos estas conexiones únicas de forma temprana y las probamos en sistemas celulares, llevamos ventaja». En un rubro donde llegar segundo suele equivaler a llegar tarde, esa detección precoz es la diferencia entre marcar el rumbo o perseguirlo.

Menos moléculas, menos conjeturas

El objetivo de fondo no es solo encontrar dianas, sino hacer más precisa la selección de experimentos. Según Barr, combinar herramientas de inteligencia artificial con científicos experimentados permite probar menos moléculas en el laboratorio, reducir las conjeturas y acelerar la búsqueda de medicamentos eficaces.

Vale aclarar el alcance: el acuerdo se limita al descubrimiento y desarrollo de candidatos, con ensayos clínicos previstos para una etapa posterior. No hay resultados de eficacia clínica sobre la mesa, sino una apuesta a mejorar las decisiones tempranas de investigación.

Insitro, de socio en socio

Para la biotecnológica, el trato con AstraZeneca amplía su vitrina entre los grandes laboratorios. La firma ya venía de expandir su colaboración con Bristol Myers Squibb para avanzar en una cartera de dianas contra la esclerosis lateral amiotrófica, y de asociarse con Eli Lilly para construir modelos de IA capaces de predecir propiedades farmacológicas de moléculas pequeñas en organismos vivos.

Con AstraZeneca, Insitro suma un programa que conecta la identificación computacional de mecanismos biológicos con su evaluación en sistemas celulares y un desarrollo clínico posterior financiado por la farmacéutica. Un modelo que, si funciona, podría redefinir cómo se eligen las dianas en la industria.

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