El Ministerio de Salud de la Nación llevó al Congreso Argentino de Cardiología una herramienta que cambia la forma de mirar la prevención vascular: un Mapa Regional de Enfermedades No Transmisibles (ENT). La propuesta permite comparar indicadores epidemiológicos entre las cinco regiones del país y observar cómo se comporta la población frente a los controles y los factores de riesgo.
La iniciativa reúne datos sobre composición poblacional, factores de riesgo, controles de salud realizados y años de vida saludable perdidos (AVISA) por patologías vasculares como cardiopatías isquémicas, ACV, diabetes tipo 2 y enfermedad renal crónica. Además, incorpora alimentos y preparaciones típicas de cada región para fomentar una alimentación adecuada con recursos y costumbres locales.
Una población parecida, riesgos que no tanto
En cuanto a la composición poblacional, no se observan grandes diferencias entre regiones. La brecha más marcada aparece en los menores de 19 años: representan el 28% en Centro y el 34% en el NEA. Los adultos jóvenes se ubican en torno al 30% en Centro y Cuyo y al 32% en NEA, NOA y Sur. Los adultos de 40 a 59 años van del 22% en el NEA al 25% en el Sur, mientras que los mayores de 60 años representan el 17% en Centro, el 16% en Cuyo, el 14% en NOA y Sur y el 13% en el NEA.
El exceso de peso es el factor de riesgo modificable más extendido: alcanza el 60% en Centro, 62% en NEA, 65% en Cuyo y NOA y 67% en el Sur. El sedentarismo muestra las diferencias más profundas: llega al 50% en NOA y NEA, baja a 44% en Sur y 43% en Centro, y registra su piso en Cuyo con 35%. El tabaquismo, en tanto, oscila entre el 21% en NOA y NEA y el 25% en Cuyo.
Controles preventivos: la brecha que preocupa
El tablero también expone el peso de condiciones asociadas como diabetes, presión arterial elevada y colesterol alto, con porcentajes similares entre regiones. La presión arterial lidera con valores de entre 33% en NOA y NEA y 35% en Cuyo. Le sigue el colesterol elevado, que va del 28% en Sur al 35% en NOA y NEA, y la diabetes, que se mueve entre el 12% en NOA y NEA y el 14% en Cuyo.
Donde las diferencias se hacen evidentes es en la realización de controles preventivos. Centro aparece como la región con más estudios realizados y el NEA con los porcentajes más bajos. Las mediciones de glucemia van del 65% en NEA al 82% en Centro; los controles de presión arterial, del 80% en NEA al 88% en Cuyo; y los de colesterol, del 73% en NOA y NEA al 85% en Centro.
Los años de vida saludable que se pierden
Otro eje del mapa son los años de vida saludable perdidos, un indicador que muestra qué enfermedades desgastan más a una sociedad. En cardiopatías isquémicas las cifras son de 495.515 en la región Pampeana, 103.764 en NOA, 101.844 en NEA, 59.758 en Cuyo y 42.492 en Patagonia. Para ACV isquémico, los valores son de 123.044 en Pampeana, 25.766 en NOA, 25.286 en NEA, 14.839 en Cuyo y 11.296 en Patagonia. El tablero también contempla los AVISA por diabetes tipo 2 y enfermedad renal crónica.
A nivel nacional, el mapa refuerza un dato contundente: 9 de cada 10 infartos se explican por factores de riesgo prevenibles. El sedentarismo se asocia con un 12% más de riesgo de infarto, mientras que el colesterol elevado multiplica el riesgo por 3,9. La diabetes y el tabaquismo lo triplican (3,1 veces), y la presión arterial elevada y el exceso de peso lo aumentan 2,5 y 2,2 veces, respectivamente.
Frente a ese panorama, la herramienta sugiere medidas concretas: actividad física, cesación tabáquica, adherencia a los tratamientos y controles de salud periódicos. También promueve una alimentación adecuada con información sobre alimentos disponibles y preparaciones regionales que pueden incorporarse para prevenir enfermedades no transmisibles.
Una política sanitaria con mirada federal
El desarrollo del mapa se enmarca en la política del Ministerio de Salud para fortalecer la prevención de las ENT y avanzar hacia una respuesta integral frente a las enfermedades vasculares. En esa línea, el Plan Nacional de Salud Vascular, presentado también en el Congreso, propone abordar de manera conjunta las enfermedades que afectan al corazón y al cerebro, con énfasis en prevención, información y atención oportuna.
Contar con datos organizados por región permite reconocer los principales factores de riesgo y orientar las acciones sanitarias según las características de cada población. La herramienta no solo describe el problema: ofrece insumos para decidir mejor y para que cada comunidad reconozca sus propios desafíos.