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Anmat retiró del mercado desinfectantes e implantes médicos truchos

Dos disposiciones de la Anmat encendieron las alarmas: desinfectantes sin lote ni vencimiento y prótesis con fechas adulteradas que iban a terminar dentro del cuerpo de un paciente. Un combo que mezcla negligencia, falta de controles y riesgos concretos para la salud.

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Editorial

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La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) volvió a mover el tablero con dos medidas que dejan a la vista las grietas del mercado sanitario argentino. A través de la Disposición 5730/2026, el organismo ordenó sacar de circulación los productos domisanitarios de la marca Clean On, después de que varias denuncias alertaran sobre irregularidades en rótulos y registros oficiales.

Lo que encontraron los inspectores no fue menor: los envases inspeccionados carecían de lote, fecha de elaboración, vencimiento y dosis de uso, datos básicos para cualquier producto químico que se use en casa. Peor todavía, las etiquetas no contaban con la aprobación de la Anmat.

La firma detrás de la marca, Nolor S.R.L., ya había sido dada de baja en el Registro Nacional de Establecimientos Domisanitarios, y lo mismo había pasado con el registro de los productos involucrados. Durante la inspección, los rótulos coincidieron con los denunciados y la empresa reconoció haber usado parte de ese material. Para el organismo, se trata lisa y llanamente de un producto ilegítimo: elaborado y comercializado sin trazabilidad y por una firma que no es titular ante la entidad.

Por todo esto, la Anmat prohibió el uso, la venta y la distribución de los desinfectantes Clean On que no tengan información esencial o que muestren gráficas de microorganismos en sus etiquetas, ya que no hay manera de garantizar su calidad, seguridad ni eficacia.

El segundo golpe llegó con la Disposición 5738/2026, originada tras una inspección en una ortopedia de la provincia de San Juan. Ahí, los agentes detectaron tornillos e implantes médicos destinados a ser implantados en pacientes con fechas de fabricación y vencimiento ya caducadas. El detalle escalofriante: los productos venían acompañados por envases y etiquetas con nuevas fechas de utilización, como si alguien hubiera querido estirarles la vida útil a fuerza de papel.

Cuando consultaron a las empresas titulares de los registros originales, una de ellas advirtió que los dispositivos hallados presentaban diferencias respecto de los productos legítimos y remarcó que las condiciones detectadas «podrían comprometer la integridad, limpieza, esterilidad y seguridad del producto». Otra firma fue todavía más categórica: los artículos encontrados «no coincidían con el producto original fabricado y comercializado» bajo su registro oficial.

El episodio deja varias lecturas para el sistema sanitario argentino:

  • Falta de trazabilidad: productos que llegan al mostrador sin lote ni vencimiento son una bomba de tiempo, sobre todo cuando se usan en limpieza o en quirófano.
  • Reacondicionamiento peligroso: implantes vencidos con etiquetas nuevas ponen en riesgo directo la salud del paciente, desde infecciones hasta fallas mecánicas.
  • Controles que llegan tarde: las bajas registrales de las empresas no siempre se traducen en un retiro inmediato de la mercadería.

La pelota queda del lado de los comercios y de los propios usuarios: revisar rótulos, exigir registros y desconfiar de precios demasiado convenientes sigue siendo la primera línea de defensa. Porque cuando el Estado llega después, el daño ya puede estar hecho.

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Editorial