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Comportamientos nocturnos que sabotean tu descanso y estrategias para revertirlos

La búsqueda de técnicas para mejorar el sueño es constante, pero los expertos advierten que ciertos comportamientos nocturnos pueden estar saboteando tu descanso sin que lo notes. Descubre cuáles son y cómo cambiarlos.

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Editorial

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El descanso nocturno es fundamental para la salud integral, sin embargo, muchas personas luchan contra patrones de comportamiento que interfieren activamente con su capacidad de conciliar y mantener un sueño profundo. Mientras que existe una tendencia a sumar nuevas prácticas relajantes a la rutina previa al descanso, los expertos en medicina del sueño advierten que este enfoque puede resultar contraproducente. La clave radica en identificar y eliminar aquellos hábitos que mantienen el sistema nervioso en estado de alerta, en lugar de incorporar actividades adicionales.

Según profesionales especializados en trastornos del sueño, prescindir de conductas perjudiciales es menos exigente que añadir nuevas rutinas. Cuando el cuerpo deja de realizar acciones que lo mantienen estimulado o ansioso, el sistema nervioso puede transitar naturalmente hacia el estado de calma requerido para dormir profundamente. Incluso la modificación de un único comportamiento puede generar cambios notables en la calidad del descanso en pocas semanas.

Conductas que comprometen la calidad del sueño

Exposición a pantallas en las horas previas al acostarse

La utilización de teléfonos inteligentes, tablets y televisores antes de dormir es quizás el hábito más extendido y perjudicial. La radiación luminosa de estos dispositivos simula la luz natural del día y sobreestimula la actividad cerebral, engañando al organismo respecto al momento del ciclo circadiano en que se encuentra. Los especialistas recomiendan establecer un período de desconexión de entre sesenta y ciento veinte minutos previos al momento de acostarse.

Las alternativas sugeridas incluyen:

  • Realizar ejercicios de estiramiento o movimientos suaves
  • Tomar una ducha o baño con agua tibia
  • Dedicar tiempo a la interacción familiar sin dispositivos
  • Leer libros en formato físico

La exposición a estas pantallas retrasa la producción natural de melatonina, la hormona responsable de regular el ciclo sueño-vigilia. Cuando el cerebro no recibe la señal adecuada de que ha llegado la noche, permanece en estado de vigilancia, dificultando el inicio del descanso.

Ingerir alimentos en proximidad a la hora de dormir

Comer en las horas cercanas al acostarse genera una alteración significativa en el ritmo circadiano del organismo. Cuando se consume alimento poco antes de dormir, el cuerpo debe mantener procesos digestivos activos en el momento en que debería transitar hacia la relajación. Esto obliga al metabolismo a permanecer en modo de actividad cuando necesita prepararse para el descanso.

La recomendación profesional es completar la última ingesta de alimentos entre dos y tres horas antes de acostarse. En casos donde esto no sea viable, optar por porciones muy reducidas de alimentos ligeros es la alternativa más viable.

Las comidas abundantes próximas a la noche incrementan el riesgo de reflujo gastroesofágico y molestias digestivas, condiciones que generan despertares frecuentes e impiden que el cuerpo alcance las fases profundas y reparadoras del sueño.

Consumo de bebidas alcohólicas en horario nocturno

Aunque el alcohol produce una sensación inicial de relajación y somnolencia, su efecto en la arquitectura del sueño es profundamente negativo. Las bebidas alcohólicas fragmentan el descanso, reduciendo su continuidad y profundidad, lo que resulta en un sueño superficial y poco restaurador.

Si se decide consumir alcohol, los expertos sugieren hacerlo temprano en la tarde, finalizando al menos tres horas antes de retirarse a dormir. Para las horas posteriores, se recomiendan infusiones de hierbas relajantes o bebidas sin contenido alcohólico.

El consumo nocturno de alcohol también incrementa la probabilidad de ronquidos y apneas del sueño, condiciones que afectan tanto la calidad del descanso propio como el de quienes comparten el espacio.

Rumiar sobre responsabilidades y preocupaciones en la cama

Acostarse con la mente ocupada en tareas pendientes, problemas sin resolver o escenarios hipotéticos es un obstáculo considerable para el descanso. Cuando el cerebro se enfoca en planificación o resolución de conflictos en el momento de acostarse, permanece en estado de actividad cognitiva elevada, lo que impide la transición hacia el sueño.

Una estrategia efectiva consiste en externalizar estas preocupaciones mediante la escritura. Anotar tareas, problemas y soluciones potenciales en un cuaderno fuera del dormitorio, preferentemente horas antes de acostarse, permite liberar la mente de esta carga mental.

Dedicar un tiempo específico durante la tarde para organizar pensamientos y resolver asuntos pendientes facilita que el cerebro llegue a la hora de dormir en estado de mayor tranquilidad.

Mantener diálogos intensos o emotivos antes de dormir

Las conversaciones que generan estimulación emocional, discusiones sobre temas sensibles o debates apasionados en las horas previas al descanso afectan negativamente la capacidad de conciliar el sueño. Estos intercambios mantienen el sistema nervioso en estado de activación, impidiendo que el cuerpo transite hacia la calma necesaria para dormir.

La recomendación es postergar estos diálogos hasta la mañana siguiente o, si resultan inevitables, finalizarlos con al menos sesenta minutos de anticipación respecto al momento de acostarse. Esto permite que el sistema nervioso se desactive gradualmente.

La importancia de la consistencia en el cambio de hábitos

La constancia es el factor determinante para lograr mejoras sostenidas en la calidad del sueño. No es necesario eliminar todos los hábitos perjudiciales simultáneamente; de hecho, esto puede resultar abrumador. Comenzar por prescindir de una única conducta y mantener este cambio durante varias semanas genera resultados notables y sostenibles.

Las investigaciones demuestran que pequeñas modificaciones mantenidas en el tiempo producen transformaciones significativas en la profundidad y reparación del descanso nocturno. Establecer una rutina predecible en las horas previas al acostarse, evitando aquellos comportamientos que sabotean el sueño, facilita la transición hacia noches más reparadoras y un bienestar integral mejorado.

Autor
Editorial