La dermatitis atópica es mucho más que una piel irritada. Quienes conviven con esta afección crónica saben que la picazón persistente puede convertirse en una compañera insoportable, capaz de alterar el descanso, la concentración y hasta el ánimo. Un relevamiento reciente de la Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis (AEPSO) puso números a esa realidad: en los últimos seis meses, el 48,5% de los pacientes postergó o suspendió consultas médicas por razones económicas, mientras que el 44,8% tuvo dificultades para acceder a los medicamentos.
El estudio no solo midió el acceso al sistema de salud, sino también cómo esas limitaciones se derraman sobre la vida cotidiana. Según los datos relevados, el 56,7% aseguró que la enfermedad afectó su calidad de vida y el 61,9% tuvo que modificar su rutina. Además, el 61,2% reportó un aumento del estrés vinculado a los problemas económicos asociados a su salud.
Una enfermedad que vuelve en brotes
La dermatitis atópica es una patología inflamatoria crónica y multifactorial, en la que intervienen componentes genéticos, ambientales e inmunológicos, sumados a alteraciones en la barrera protectora de la piel. Su síntoma estrella es el prurito intenso, que puede dejar lesiones en el rostro, el cuero cabelludo, las orejas, el dorso de las manos y las extremidades.
La doctora Paula Luna, especialista en Dermatología y Dermatología Infantil y presidenta de la Sociedad de Dermatología Pediátrica para Latinoamérica (SDPL), lo describe con claridad: “No siempre está igual o estable, está en la naturaleza de la dermatitis atópica volver. Se presenta en forma de brotes y remisiones”. Esa intermitencia obliga a sostener controles y cuidados aunque los síntomas parezcan haber desaparecido.
En Argentina, la afección alcanza al menos al 10% de los niños y adolescentes, y en cerca de tres de cada diez casos se extiende hasta la adultez. La doctora Carolina Ledesma, dermatóloga y presidenta de la Sociedad Argentina de Psoriasis (SOARPSO), advierte que el impacto “atraviesa todo el entorno familiar, laboral y social” del paciente.
El picor que no deja dormir
La picazón crónica no respeta horarios ni contextos: aparece en medio de una clase, durante una jornada laboral, en un viaje en transporte público o justo cuando alguien intenta dormir. Quienes padecen prurito persistente tienen tres veces más posibilidades de desarrollar depresión y el doble de probabilidades de experimentar ansiedad.
Silvia Fernández Barrio, fundadora y presidenta de AEPSO, lo grafica sin vueltas: “En los casos moderados a graves afecta sobremanera el descanso, literalmente el picor no deja dormir, ni permite la vida social, el trabajo, la escuela, baja la autoestima y complica tremendamente la dinámica familiar. Afecta la vida las 24 horas”.
Los números del relevamiento acompañan esa descripción:
- El 63,4% registró cambios en la calidad del sueño.
- El 42,5% reportó más síntomas de ansiedad o depresión vinculados a su condición y a las preocupaciones financieras.
- El 37,3% redujo o dejó de comprar medicamentos por falta de recursos.
- Cerca de dos de cada diez personas no realizaba el tratamiento indicado, principalmente por motivos económicos.
Abordaje integral y diagnóstico temprano
La doctora Silvana Monsell, pediatra y alergista, presidenta de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica (AAAeIC), subraya que el seguimiento exige una mirada amplia. “El abordaje conjunto entre el alergista y el dermatólogo resulta clave: permite evaluar tanto el estado de la piel como los posibles factores asociados, definir estrategias de tratamiento personalizadas y acompañar al paciente de manera sostenida”, sostiene. La especialista agrega que la dermatitis atópica suele vincularse con alergia alimentaria, rinitis alérgica y asma.
El diagnóstico temprano cambia el panorama. Según Luna, permite ajustar la estrategia terapéutica a las características de cada persona. En cuadros graves, ayuda a mitigar síntomas y abordar comorbilidades; en formas leves, puede evitar que el eccema progrese. En algunos pacientes, especialmente durante la primera infancia, la enfermedad puede entrar en remisión.
En los últimos años ganó terreno el concepto de actividad mínima de la enfermedad (MDA, por sus siglas en inglés), un modelo que propone que médico y paciente fijen objetivos terapéuticos de manera conjunta. El control no depende solo de la medicación: incluye diálogo permanente, controles periódicos y ajustes según la evolución clínica.
Opciones terapéuticas y el desafío del acceso
Para los cuadros moderados o graves existen tratamientos convencionales, pero también alternativas más recientes. Entre ellas figuran los medicamentos biológicos, como los inhibidores de las interleuquinas 4 y 13, y los tratamientos orales, como los inhibidores de JAK. La elección depende de cada paciente y del seguimiento profesional.
La doctora Cecilia Civale, presidenta de la Asociación Argentina de Dermatología (AAD), detalla que estas opciones buscan aliviar los síntomas cutáneos, reducir la picazón y evitar recaídas. “Cada tratamiento debe adaptarse a las necesidades específicas de cada paciente”, puntualiza, y remarca la importancia de identificar los factores que desencadenan o empeoran la afección, junto con la educación sobre el cuidado de la piel.
El problema es que el mejor tratamiento pierde sentido si no se puede sostener en el tiempo. Fernández Barrio lo resume: “Estos tratamientos posibilitan una vida normal”. Para las enfermedades crónicas sin cura, el acceso continuo no es un lujo, sino la diferencia entre una vida condicionada por el picor y una vida posible.
Un congreso para pacientes
Con el objetivo de difundir información y herramientas, AEPSO realizará el miércoles 16 de septiembre, desde las 19 horas, “Atopika”, el sexto Congreso Argentino para Pacientes con Dermatitis Atópica. La actividad será virtual y contará con especialistas locales y regionales.
Durante el encuentro se abordarán las características de la afección, su diagnóstico y las alternativas terapéuticas disponibles. “Realizamos este congreso cada año desde la pandemia, para que los pacientes conozcan todas las herramientas que tienen para poder controlar mejor su enfermedad”, destaca Fernández Barrio. La inscripción está disponible en Atopika, y también habrá información en Facebook, en aepso_da, y en Instagram, en @aepso_da.