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Etiquetado frontal: expertos plantean mejorar la ley sin eliminar advertencias

El debate sobre el futuro del etiquetado frontal en Argentina trasciende la polémica de mantener o eliminar los octógonos. Expertos en nutrición plantean una revisión profunda que preserve el derecho a información clara pero corrija distorsiones del sistema actual.

Autor
Editorial

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La discusión sobre el etiquetado frontal de alimentos en Argentina se encuentra en un punto crítico. Mientras el Gobierno impulsa proyectos de derogación de la Ley 27.642, un colectivo de especialistas en nutrición infantil propone una alternativa: actualizar la normativa vigente sin desmantelar las advertencias que ya están en los envases.

El consenso de expertos agrupados en PROFENI (Profesionales Expertos en Nutrición Infantil) sostiene que la verdadera solución no radica en eliminar los octógonos, sino en construir un sistema de información nutricional más preciso y basado en evidencia científica reciente. Esta postura, presentada el 30 de julio de 2026, busca equilibrar dos objetivos: mantener la claridad para los consumidores y mejorar la capacidad de diferenciar entre productos con perfiles nutricionales distintos.

Un sistema que necesita ajustes técnicos

La Ley Nacional Nº 27.642 incorporó el modelo de perfil de nutrientes desarrollado por la Organización Panamericana de la Salud, que establece umbrales móviles para identificar excesos de nutrientes críticos como azúcares, sodio, grasas saturadas y grasas totales. Sin embargo, los especialistas advierten que este modelo fue diseñado originalmente para evaluar la calidad nutricional de la dieta en su conjunto, no para aplicarse a alimentos individuales.

La doctora María Elena Torresani, especialista en nutrición e integrante de PROFENI, explicó el núcleo del problema: «La discusión no debería plantearse como una elección entre mantener o eliminar los octógonos. El verdadero desafío consiste en construir un sistema que preserve el derecho de las personas a recibir información nutricional sencilla, pero que, al mismo tiempo, refleje con mayor precisión las diferencias entre los alimentos».

Una de las principales limitaciones del sistema actual es que genera distorsiones en la clasificación de productos. Alimentos con perfiles nutricionales significativamente diferentes pueden recibir advertencias similares, mientras que otros productos con mayor densidad energética o mayor contenido de nutrientes críticos exhiben menos sellos. Esto ocurre porque la fórmula vigente no mide el contenido de nutrientes en términos absolutos, sino en relación con la densidad calórica del producto.

Obstáculos para la reformulación

Otro aspecto crítico que señalan los expertos es que los criterios actuales pueden limitar los incentivos para la reformulación de alimentos. Cuando una empresa reduce el contenido de azúcares agregados, sodio o grasas saturadas, también disminuye el aporte calórico. Sin embargo, al mantenerse la misma proporción relativa, el producto sigue mostrando la misma cantidad de sellos de advertencia debido a la forma en que se calculan los umbrales de la norma.

A pesar de estas limitaciones, la implementación del sistema ya incorporó algunos ajustes. La Disposición ANMAT 11362/2024 introdujo modificaciones para diferenciar nutrientes naturalmente presentes en los alimentos de aquellos incorporados durante los procesos de elaboración, particularmente en el caso de los azúcares añadidos.

Mónica Katz, médica especialista en Nutrición y expresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición, enfatizó: «El sistema que se utilice debe permitir a las personas distinguir claramente entre alimentos y comprender mejor las diferencias que existen entre ellos».

Cuatro consensos para una segunda generación de etiquetado

PROFENI propone una evolución del sistema basada en cuatro pilares fundamentales:

  • Preservar el derecho de los consumidores a recibir información nutricional frontal clara y visible, manteniendo las advertencias como herramienta de salud pública.
  • Adoptar criterios técnicos expresados en valores absolutos por cada 100 gramos o 100 mililitros, una metodología utilizada en Brasil, Chile, Uruguay y otros países que facilita la comparación entre alimentos y favorece una mayor armonización regulatoria regional.
  • Distinguir con mayor claridad los nutrientes intrínsecos propios de cada alimento de aquellos agregados durante su elaboración, especialmente en el caso de los azúcares, para evitar penalizar matrices alimentarias naturalmente nutritivas.
  • Generar incentivos regulatorios que estimulen la reformulación progresiva de alimentos mediante reglas claras, metas alcanzables y reconocimiento de las mejoras.

La brecha de los alimentos no envasados

Los especialistas también señalaron una limitación importante de la ley argentina: solo se aplica a alimentos envasados, dejando fuera productos a granel vendidos en panaderías, carnicerías, heladerías y restaurantes. Esta brecha es significativa porque gran parte de esos alimentos presenta excesos de nutrientes críticos.

Para resolver esta situación, PROFENI propone que se ponga a disposición información nutricional mediante herramientas como códigos QR, permitiendo que los consumidores accedan a datos sobre productos que actualmente carecen de etiquetado frontal.

El contexto epidemiológico que justifica la acción

Con más de seis de cada 10 argentinos con sobrepeso u obesidad y déficits nutricionales de hierro, calcio, vitamina D y fibra, la entidad profesional considera necesario continuar el trabajo entre los distintos actores involucrados para mejorar los patrones alimentarios e impactar en la salud de la población.

Sergio Britos, director del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Nutrición (CEPEA) e integrante de PROFENI, explicó a medios especializados: «La evidencia científica demuestra que ningún sistema de etiquetado, por sí solo, modifica los hábitos alimentarios. La alimentación saludable depende también de la educación nutricional, del acceso a alimentos de calidad y del desarrollo de hábitos sostenidos dentro del hogar, en la escuela y en la comunidad».

Agregó: «El etiquetado debe entenderse como una herramienta dentro de una estrategia mucho más amplia, pero, aun así, desarrollar científicamente criterios fijos de perfil de nutrientes es una urgente necesidad para perfeccionar la ley que ya tenemos».

La posición de la industria y el Gobierno

Durante julio de 2026, el Ejecutivo ingresó al Congreso un proyecto de derogación de la Ley 27.642, con la firma del presidente Javier Milei, el exjefe de Gabinete Manuel Adorni y el ministro de Salud, Mario Lugones. Ambos textos coinciden en señalar «limitaciones técnicas, regulatorias, operativas y económicas» del sistema vigente y apuntan a una convergencia normativa con los países vecinos.

La ley no contempla solo el etiquetado con octógonos; también incluye «leyendas precautorias» (como destacar si los alimentos contienen edulcorante o cafeína), restricciones en la comercialización en entornos escolares y prohibición de publicidad dirigida a las infancias.

La industria alimenticia local respalda el fin de los octógonos en su formato actual, encabezada por la Confederación de Asociaciones de la Industria Alimenticia Argentina (Copal), donde participan grandes empresas como Arcor, Coca Cola, Quilmes, Danone, Molinos y Unilever, entre otras. Según Copal, el eje central del problema es la fórmula con la que la ley evalúa los nutrientes críticos, que genera distorsiones imposibilitando diferenciar alimentos con perfiles nutricionales sustancialmente distintos.

Un camino alternativo al todo o nada

La propuesta de PROFENI representa una tercera vía entre la derogación total y el mantenimiento del status quo. Reconoce las limitaciones técnicas del sistema actual pero rechaza la idea de eliminar completamente las advertencias nutricionales. En cambio, propone una modernización basada en criterios científicos más rigurosos y metodologías que ya han demostrado funcionar en otros países de la región.

Este enfoque busca responder a una pregunta fundamental: ¿cómo puede Argentina mantener el compromiso con la salud pública y la información al consumidor mientras mejora la precisión y la efectividad del sistema de etiquetado? La respuesta, según estos especialistas, no está en volver atrás, sino en avanzar con mayor rigor científico.

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Editorial