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Insomnio por ansiedad: cómo controlar el estrés nocturno y recuperar el descanso

La ansiedad nocturna es un problema masivo que impide conciliar el sueño a la mayoría. Cuando cae la noche, las preocupaciones se amplifican y el cuerpo permanece en alerta. Conocé las técnicas más efectivas para recuperar el descanso.

Autor
Editorial

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La ansiedad nocturna afecta a la mayoría de la población, transformando las horas de descanso en períodos de inquietud y preocupación. Mientras que durante el día la actividad constante mantiene la mente ocupada, al llegar la noche el silencio y la tranquilidad crean un espacio donde los pensamientos angustiantes cobran protagonismo. Este fenómeno combina factores psicológicos y fisiológicos que, juntos, sabotean la capacidad de dormir profundamente.

La razón por la cual la ansiedad se intensifica durante la noche tiene explicación científica. El cuerpo debería reducir los niveles de cortisol (hormona del estrés) al dormir, pero cuando la preocupación prevalece, estos niveles permanecen elevados. El resultado es que el organismo mantiene un estado de alerta justo cuando debería prepararse para el descanso. Además, el agotamiento acumulado durante el día reduce la resistencia emocional, permitiendo que inquietudes menores se conviertan en preocupaciones mayores.

Factores externos también juegan un papel determinante en la intensidad de la ansiedad nocturna. La época del año, las festividades y sus presiones asociadas, así como la influencia de la tecnología, incrementan significativamente el estrés. Casi nueve de cada diez personas revisan sus dispositivos electrónicos poco antes de acostarse, un hábito que afecta negativamente la capacidad de relajación previa al sueño. Las pantallas emiten luz azul que interfiere con la producción de melatonina, la hormona responsable de regular el ciclo sueño-vigilia.

Estrategias efectivas para recuperar el descanso

Expertos en sueño y salud mental han identificado ocho técnicas prácticas y accesibles para controlar la ansiedad nocturna. Estas estrategias abordan tanto los aspectos emocionales como los componentes físicos del problema, ofreciendo soluciones que pueden implementarse inmediatamente:

  • Dedicar tiempo a escribir preocupaciones: Reservar entre 20 y 30 minutos al atardecer para anotar en papel todas las inquietudes, sean laborales o personales. Este acto crea una «zona de amortiguamiento» entre el día y la noche, facilitando el cambio mental. Después, realizar actividades suaves como leer o estirarse, cerrando el ritual anotando las tres prioridades para el día siguiente.
  • Desconectarse de dispositivos electrónicos: Apagar teléfonos y tabletas al menos una hora antes de dormir reduce significativamente la ansiedad asociada al sueño. Reemplazar funciones digitales por métodos analógicos como relojes despertadores tradicionales o libretas favorece la desconexión genuina.
  • Realizar actividades monótonas fuera de la cama: Si después de 20 minutos el sueño no llega, levantarse y trasladarse a otra habitación con luz tenue. Dedicar tiempo a tareas repetitivas y poco estimulantes como doblar ropa o resolver un puzzle sencillo ayuda a romper la asociación entre la cama y la ansiedad.
  • Practicar meditación sensorial: Centrar la atención en las sensaciones físicas desplaza el enfoque de los pensamientos angustiantes. Prestar atención a la textura de las sábanas, la temperatura ambiental, sonidos suaves, sostener un objeto placentero o percibir un aroma familiar tranquiliza el sistema nervioso de manera efectiva.
  • Ejercitar la mente con actividades cognitivas: Recordar detalles de una película favorita, realizar listas asociadas al abecedario o practicar un escaneo corporal consciente relajando cada parte del cuerpo desde la cabeza hasta los pies. Estas técnicas alejan los pensamientos intrusivos e inducen el sueño naturalmente.
  • Aplicar la técnica de respiración 4-7-8: Inhalar durante cuatro segundos, mantener la respiración siete segundos y exhalar durante ocho. Colocar una mano sobre el pecho mientras se realiza el ejercicio durante al menos un minuto transmite sensación de seguridad al cuerpo y reduce el estrés de manera comprobada.
  • Mantener un bloc de notas junto a la cama: Escribir rápidamente las preocupaciones nocturnas permite liberarlas. El acto de anotar facilita soltar los pensamientos recurrentes. Añadir mensajes reconfortantes como «todo estará bien» o «lo resolveré mañana» proporciona consuelo al releerlos.
  • Optimizar la exposición a luz natural diurna: La ansiedad nocturna está directamente relacionada con procesos diurnos. Exponerse a la luz solar durante el día, incluso en invierno, regula el ritmo circadiano y reduce los niveles de cortisol en la noche. Complementar esto con pausas, alimentación equilibrada, ejercicio físico y contacto social anticipan y mitigan el estrés.

Implementar una rutina consistente es fundamental para el éxito. Los expertos subrayan que establecer rituales simples cada noche —como atenuar la luz, anotar prioridades o practicar respiración controlada— envía al cerebro un mensaje claro de cierre. Esta señal promueve un sueño más reparador y reduce la intensidad de la ansiedad nocturna con el tiempo.

La recuperación del descanso de calidad no ocurre de la noche a la mañana, pero la consistencia en la aplicación de estas estrategias produce resultados notables en pocas semanas. El equilibrio entre abordar las preocupaciones durante el día y crear un ambiente propicio para el sueño nocturno es la clave para transformar las noches de inquietud en períodos de verdadero descanso.

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Editorial