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Nueva longevidad: vivir más años con propósito y sin prejuicios

Vivir más años no es sinónimo de enfermedad ni dependencia. Una especialista en gerontología propone repensar la vejez como un tiempo de reinvención, vínculos y participación activa, con desafíos urgentes en accesibilidad, salud y trato social.

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Editorial

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El 1 de octubre se conmemora el Día Internacional de las Personas Mayores, una fecha instaurada por la ONU en 1990 para visibilizar el rol de este grupo etario y los retos que plantea el envejecimiento poblacional. Pero lejos de quedarse en el homenaje, la jornada invita a revisar cómo la sociedad acompaña a quienes transitan esta etapa.

La licenciada en Gerontología Graciela Spinelli, del Centro Los Pinos, plantea que la llamada nueva longevidad no pasa por sumar años al calendario, sino por vivirlos de otro modo. «No significa solo vivir más años, sino vivirlos de una manera diferente, sin asociarlos con enfermedad, declive, dependencia o pérdida de capacidades», sostiene.

Según la especialista, hoy no existe una única forma de envejecer. Hay personas mayores que trabajan, estudian, viajan, emprenden, aprenden nuevas formas de vincularse o retoman proyectos postergados. La clave está en animarse a redefinir deseos y posibilidades sin negar la edad que se tiene.

Reinventarse sin dejar de ser uno mismo

Spinelli recurre a frases populares para graficar el espíritu de esta etapa: desde el recordado Enrique Pinti y sus «ilusiones sin reuma» hasta Clint Eastwood y su «no dejo que el viejo entre en mí». Para la gerontóloga, asumir la edad no implica detenerse, sino mover toda la estantería cuando haga falta.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el envejecimiento saludable como el proceso de mantener la capacidad funcional que permite el bienestar en la vejez. Esa capacidad se sostiene con cuerpo y mente flexibles, y con la convicción de que los prejuicios no pueden venir de las propias personas mayores que se repiten «esto ya no es para mí».

Los desafíos de la vida cotidiana

La especialista identifica varios frentes que requieren atención urgente:

  • Soledad y aislamiento social: la vejez es una etapa de pérdidas de roles y vínculos significativos.
  • Dificultades económicas: condicionan el autocuidado y el acceso a servicios.
  • Brecha digital: no responde a una falla de aprendizaje, sino a la falta de apoyos que acompañen la velocidad de los cambios tecnológicos.
  • Movilidad y accesibilidad: las ciudades con barreras arquitectónicas elevan los índices de caídas y accidentes, exigiendo más recursos en emergencias y cuidados.
  • Edadismo: la discriminación por edad queda obsoleta en una sociedad envejecida que necesitará de todos, sin importar la edad.

Spinelli también cuestiona el modelo laboral: mucha gente decide seguir trabajando después de jubilarse, con otros tiempos o en algo totalmente distinto. Esto no solo da propósito y legado, sino que también aporta a la caja previsional. «¿Por qué se sacarían de circulación a las únicas personas que podrán sostener las necesidades cambiantes de la sociedad?», se pregunta.

Deterioro cognitivo: vejez no es sinónimo de olvido

Uno de los temores más frecuentes es el deterioro cognitivo. Spinelli aclara que el cerebro envejece como cualquier órgano, pero eso no equivale automáticamente a demencia. La neuroplasticidad permite construir nuevos caminos entre neuronas, y el grado de actividad previo influye en cómo se llega a esta etapa.

Las señales que merecen consulta profesional incluyen:

  • Olvidos frecuentes de acontecimientos recientes.
  • Perder objetos repetidamente o desorientarse en lugares conocidos.
  • Dificultades para encontrar palabras o mantener una conversación.
  • Problemas nuevos para manejar dinero o tomar decisiones.
  • Cambios importantes de conducta o personalidad.

La OMS publicó en 2026 nuevas recomendaciones que vinculan una parte importante del riesgo de demencia con factores modificables como la inactividad física, el aislamiento social y algunas enfermedades crónicas.

Un sistema de salud que llegue antes, no después

Para Spinelli, los sistemas sanitarios no pueden seguir esperando pacientes con enfermedades crónicas ya instaladas. «Si están solo para recibir enfermos, ya llegamos tarde», advierte. La apuesta debe estar en prevención, promoción de hábitos saludables y autocuidado, porque eso le gana a la genética.

La OMS propone tres grandes líneas de acción:

  • Cambiar la forma en que se piensa y trata la vejez para combatir el edadismo.
  • Construir comunidades y entornos accesibles y amigables.
  • Desarrollar una atención integrada y centrada en la persona, especialmente desde la atención primaria.

La gerontología cobra así un papel central: no solo atender el envejecimiento, sino comprenderlo, prevenir dependencias evitables y diseñar apoyos para que cada persona viva su vejez según sus deseos, capacidades y circunstancias.

La nueva longevidad, concluye Spinelli, obliga a preguntarse no solo cómo cuidar a las personas cuando envejecen, sino cómo construir una sociedad donde puedan seguir viviendo con autonomía, vínculos, participación, dignidad y proyectos. Y aplica una regla simple: «Tratá como te gustaría que te traten».

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