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Menos recetas de benzodiacepinas en EE.UU.: qué hay detrás de la caída

Durante años, los sedantes benzodiacepínicos fueron la respuesta rápida a la ansiedad y el insomnio. Hoy, los médicos estadounidenses recetan menos y en dosis más bajas. Un estudio de Rutgers analiza por qué cambió el comportamiento y qué desafíos quedan pendientes.

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Editorial

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El consumo de fármacos ansiolíticos como el Xanax, Valium, Ativan y Klonopin parece estar perdiendo terreno en Estados Unidos. Un estudio reciente reveló que las recetas de benzodiacepinas se redujeron un 26,7% entre 2013 y 2024, una caída que los especialistas interpretan como un giro hacia prácticas médicas más prudentes.

Estos medicamentos actúan frenando la actividad del sistema nervioso central, lo que ayuda a calmar cuadros de ansiedad, ataques de pánico, insomnio y ciertos trastornos convulsivos. Su eficacia los convirtió durante décadas en una herramienta habitual en consultorios de todo el país.

Sin embargo, el entusiasmo inicial fue cediendo frente a las advertencias. La Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA) emitió alertas en 2016 y 2020 sobre el uso indebido de estos fármacos, en especial cuando se combinan con opioides, una mezcla asociada a un número creciente de muertes por sobredosis.

La investigación, liderada por Naomi Cruz, doctora reciente de la Rutgers School of Public Health y del Rutgers Center for Pharmacoepidemiology and Treatment Science, analizó 1.100 millones de recetas emitidas a nivel nacional durante más de una década. Los resultados se publicaron el 30 de septiembre en The American Journal of Psychiatry, con financiación parcial del Instituto Nacional de Abuso de Drogas de EE.UU.

Según Cruz, estos medicamentos «proporcionan beneficios significativos a muchos pacientes», pero también conllevan riesgos cuando se usan con otras drogas o por periodos prolongados. Para la investigadora, los datos sugieren que las prácticas de prescripción se volvieron más selectivas, aunque insiste en que el monitoreo debe continuar.

El estudio no solo detectó una merma en la cantidad de recetas. También encontró cambios en quiénes las emiten y en qué dosis:

  • Las caídas más marcadas se dieron entre adultos jóvenes de 18 a 29 años.
  • Las prescripciones de médicos de atención primaria y psiquiatras bajaron, mientras que aumentaron las de enfermeros especialistas y asistentes médicos.
  • La dosis promedio por receta se redujo un 18,3% en el mismo periodo.

Este último dato es clave: no se trata solo de recetar menos, sino de recetar con más cuidado. La reducción de dosis sugiere que los profesionales están optando por esquemas más conservadores, quizás influenciados por las alertas sanitarias y la evidencia sobre dependencia y efectos adversos.

El desplazamiento hacia enfermeros especialistas y asistentes médicos como prescriptores también plantea interrogantes. Si bien puede ampliar el acceso a la atención, abre la puerta a preguntas sobre capacitación, seguimiento y coordinación con especialistas en salud mental.

Para Cruz, las tendencias observadas «pueden indicar cambios hacia una prescripción más segura», pero subraya que la investigación en curso ayudará a entender dónde existen oportunidades de mejora. El desafío, en definitiva, es encontrar el equilibrio entre aliviar el sufrimiento y evitar nuevos riesgos.

La caída en las recetas no significa que las benzodiacepinas hayan dejado de ser necesarias. Significa que el sistema de salud estadounidense está aprendiendo, aunque sea a los tumbos, a usarlas con más responsabilidad. La pregunta que queda flotando es si ese aprendizaje se traducirá en mejor atención para quienes realmente las necesitan.

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Editorial