La infancia es una ventana crítica para el desarrollo cerebral y la formación de hábitos. Sobre esa base, una investigación publicada en JAMA Network Open el 23 de octubre de 2026 encontró que los chicos que comen más productos ultraprocesados muestran una reacción más intensa en los circuitos de recompensa cuando ven imágenes de comida chatarra.
El trabajo, liderado por la doctora Kathleen Page, profesora de medicina y pediatría en la Escuela de Medicina Keck de la USC, siguió a 46 niños que comenzaron el estudio con peso saludable. A cada uno se le hicieron resonancias magnéticas mientras miraban fotos de alimentos ultraprocesados, y se registraron datos sobre dieta, grasa corporal, circunferencia de cintura e índice de masa corporal (IMC).
Los resultados mostraron que quienes consumían más ultraprocesados tenían respuestas más fuertes en el estriado dorsal, una región ligada a la recompensa y la motivación. Esa mayor activación se asoció, un año después, con aumentos de IMC y de grasa corporal.
Cuando los investigadores ajustaron el análisis por las diferencias en la respuesta cerebral, la asociación con el IMC se debilitó un 31% y la de grasa corporal un 44%. Es decir, buena parte del efecto sobre el peso parecía explicarse por cómo el cerebro reaccionaba a las imágenes de comida.
“Este estudio va más allá de simplemente entender que los alimentos ultraprocesados afectan el aumento de peso”, señaló Page. “Nos da una idea de las bases neurobiológicas por las cuales estos alimentos pueden estar relacionados con la composición corporal a lo largo del tiempo”.
Qué son y cuánto pesan en la dieta
Los ultraprocesados se elaboran a partir de sustancias extraídas de alimentos enteros, como grasas saturadas, almidones y azúcares añadidos. Además llevan colorantes, emulsionantes, saborizantes y estabilizantes que los vuelven más sabrosos, atractivos y duraderos en la góndola.
- Productos horneados envasados.
- Cereales azucarados.
- Comidas listas para comer o calentar.
- Embutidos.
En Estados Unidos, los chicos obtienen cerca de dos tercios (67%) de sus calorías diarias de estos productos, según datos citados por los autores. Investigaciones previas ya los habían vinculado con aumento de peso, diabetes tipo 2 y enfermedades cardíacas, pero no estaba claro cómo promovían los antojos.
Un vínculo, no una sentencia
El estudio es observacional, por lo que no puede probar una relación de causa y efecto entre ultraprocesados, actividad cerebral y aumento de peso. Solo muestra un posible vínculo. Para avanzar, Page planea un seguimiento en el que chicos que consumen habitualmente estos productos reciban comidas y snacks más saludables, y así rastrear si cambian sus respuestas cerebrales y su peso.
“Cambiar el entorno alimenticio para ayudar a las personas a acceder a alimentos más saludables y mínimamente procesados es una parte importante de la solución”, concluyó la investigadora. Un dato para tener en cuenta en la heladera familiar: lo que se ofrece a diario también moldea lo que el cerebro aprende a desear.