Las latas que se venden al lado de las gaseosas y el agua mineral cargan una fama de inocuidad que empieza a resquebrajarse. Una revisión de 28.345 informes de eventos adversos presentados ante la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) encontró una asociación entre las bebidas energéticas y los suplementos con cafeína o estimulantes y problemas cardíacos graves, en especial entre adultos jóvenes.
El dato que más inquieta a los investigadores es la franja etaria: cerca del 45 % de los reportes cardiovasculares vinculados a estos productos correspondía a personas de 18 a 34 años, un grupo que en general no se considera de riesgo elevado para eventos de ese tipo. El trabajo se presentará en una sesión de la Asociación Americana del Corazón en Chicago y, hasta que se publique completo en una revista revisada por pares, sus conclusiones deben tomarse como preliminares.
La comparación fue contundente en términos relativos. Frente a los reportes sobre productos sin cafeína ni estimulantes, los informes asociados a energizantes mostraban:
- Paros cardíacos unas 11 veces más frecuentes.
- Ataques cardíacos con una probabilidad 4,5 veces mayor.
- Arritmias ventriculares o palpitaciones con una probabilidad 4 veces mayor.
El patrón se repitió tanto en hombres como en mujeres, lo que refuerza la sospecha de que no se trata de un fenómeno aislado. De los 28.345 informes analizados entre 2017 y 2025, 854 mencionaban bebidas energéticas o suplementos con cafeína o estimulantes, y se los comparó con 27.491 reportes de productos sin esas sustancias.
La advertencia central no apunta a un consumo excepcional sino a la costumbre. Para muchas personas sanas, tomar estas bebidas de vez en cuando probablemente implique un riesgo bajo. El problema aparece con el uso habitual: ahí se puede superar rápido el límite diario recomendado de cafeína, según explicó Sai Samayamanthula, de la Universidad de Virginia, quien firmó el trabajo.
El investigador subrayó que estos productos se comercializan como parte de la vida cotidiana, lo que alimenta la percepción de que no conllevan peligro real. Su recomendación va en dos direcciones: una supervisión más sistemática de la seguridad de los artículos con cafeína y estimulantes, y una pregunta obligada en la consulta. Los profesionales de la salud deberían indagar si los pacientes jóvenes con palpitaciones, dolor en el pecho o desmayos consumen estas bebidas de manera reciente o frecuente.
Los propios autores aclaran que se trata de un estudio de asociación y no de causalidad, y que hace falta más investigación para entender el vínculo entre los productos con cafeína y las afecciones cardiovasculares. Aun así, el volumen de reportes y la edad de los afectados justifican mirar con otros ojos esa lata que se compra sin pensar.