La bioquímica argentina Raquel Lía Chan, recientemente galardonada como una de cinco mujeres científicas distinguidas con los Premios Internacionales L’Oréal-Unesco Por las Mujeres en la Ciencia 2026, ha expresado su preocupación sobre un fenómeno que considera particularmente dañino: la erosión de la credibilidad social en los investigadores locales. Desde París, donde recibió el reconocimiento como representante de América Latina y el Caribe, Chan reflexionó sobre cómo se ha consolidado una percepción negativa hacia el trabajo científico en Argentina.
Lo que más le duele a la investigadora no es la escasez de recursos económicos, sino la falta de reconocimiento social del aporte científico. «Se percibe en redes sociales que los empleados públicos lo que hacemos es mirar al techo, que no hacemos nada útil por la sociedad», señaló con evidente frustración. Esta crítica refleja una realidad que trasciende lo meramente presupuestario: existe un problema cultural de valoración del trabajo científico que afecta profundamente la motivación de quienes dedican sus vidas a la investigación.
Chan ha dedicado su carrera al desarrollo de cultivos más resistentes a la sequía mediante la identificación de genes y mecanismos biológicos aplicables al mejoramiento de cultivos estratégicos como trigo, maíz, arroz y soja. Su investigación ha trascendido las fronteras nacionales: según la Unesco, su trabajo ha tenido impacto directo en la seguridad alimentaria mundial y contribuye a que el sector agrícola reduzca sus emisiones de CO2. Las semillas que desarrolló están autorizadas en países como Argentina, Brasil, Canadá, Estados Unidos, Colombia y Paraguay.
Más allá de los ataques específicos que ha recibido la comunidad científica en tiempos recientes, la investigadora identifica una tendencia ideológica más amplia: la desconfianza sistemática en las instituciones estatales. «Circula la idea de que todo lo estatal es malo. Es también una cuestión global y mundial, la de que hay que pasar a lo privado. Esto pasa con la salud y con la educación, y pasa con áreas que yo considero prioritarias para tener un país libre y soberano», expresó Chan.
A pesar del panorama desalentador, la científica intenta mantener una perspectiva esperanzadora basada en la historia. Recordó que Argentina ha demostrado capacidad de movilización social cuando valores fundamentales están en juego: desde la aprobación del matrimonio igualitario hasta las leyes contra la violencia de género. «Esto son también olas, que suben y que bajan», reflexionó, sugiriendo que los momentos de retroceso pueden ser temporales.
El desafío de la innovación genética
Uno de los aspectos más controversiales del trabajo de Chan es el uso de tecnología transgénica en el desarrollo de cultivos mejorados. Aunque estas semillas han demostrado eficacia en múltiples países, enfrentan restricciones en regiones como la Unión Europea, donde existe mayor resistencia a los organismos genéticamente modificados.
Para superar estas barreras geopolíticas, Chan y su equipo están explorando técnicas de edición génica que no introducen genes extraños de otros organismos, buscando obtener cultivos mejorados que sean aceptados en mercados más restrictivos. Sin embargo, la investigadora identifica un obstáculo fundamental: la falta de comprensión pública sobre las tecnologías genéticas.
«Hay ignorancia de la población en general» sobre lo transgénico, señaló Chan. Atribuye esta brecha de conocimiento a factores históricos, como la influencia de los movimientos ambientalistas europeos, y a la ausencia de una comunicación científica efectiva que eduque sobre los beneficios y seguridad de estas tecnologías.
La urgencia del trabajo de Chan cobra mayor relevancia cuando se considera el contexto global: «Hay que hacer más, infinitamente más si no queremos una III Guerra Mundial por el agua o por la comida». Su reconocimiento internacional es un recordatorio de que la investigación científica argentina tiene capacidad de resolver problemas mundiales, pero requiere de una sociedad que valore y apoye sus contribuciones.