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Alimentos nutritivos olvidados: qué incorporar antes de recurrir a suplementos

La obsesión por soluciones rápidas en forma de comprimidos ha desplazado el valor de los alimentos naturales. Expertos señalan que hay opciones económicas y nutritivas disponibles que merecen mayor protagonismo en nuestras mesas.

Autor
Editorial

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La tendencia actual privilegia los comprimidos y fórmulas por encima de una alimentación variada y equilibrada. Muchas personas buscan cubrir necesidades de hierro, magnesio, vitamina D y omega 3 a través de suplementos, sin considerar que una dieta diversa puede proporcionar la mayoría de estos nutrientes de manera natural. Sin embargo, los especialistas advierten que esta estrategia no siempre es la más efectiva ni la más sostenible a largo plazo.

Según profesionales consultados, hay alimentos económicos, fáciles de conseguir y muy nutritivos que la población argentina suele dejar de lado. El concepto de «superalimento» genera cierta controversia entre los expertos, quienes prefieren hablar de alimentos con alta densidad nutricional. Lo importante es entender que no todos los nutrientes se comportan igual y que algunos requieren suplementación en circunstancias específicas, mientras que otros pueden cubrirse perfectamente a través de la alimentación cotidiana.

Cuándo la alimentación es suficiente y cuándo no

En una persona sana, una alimentación variada puede cubrir la mayor parte de las necesidades de vitaminas y minerales. El magnesio, por ejemplo, está presente en legumbres, semillas, frutos secos, cereales integrales y verduras. Sin embargo, la realidad es que muchas personas no consumen estos alimentos con la frecuencia necesaria o en las cantidades adecuadas.

La decisión de suplementar debe basarse en tres pilares fundamentales:

  • Evaluación del consumo alimentario actual
  • Análisis clínico del paciente
  • Resultados de laboratorio

Es importante destacar que los valores de laboratorio dentro de los rangos normales no siempre reflejan el estado real del nutriente. Una persona puede tener niveles «normales» pero manifestar síntomas que mejoran con el aporte de cierto mineral. Por eso, la evaluación integral es fundamental.

Nutrientes que merecen atención especial

La vitamina D presenta un caso particular. Está naturalmente presente en pocos alimentos, principalmente en pescados grasos y yema de huevo. Aunque muchos productos lácteos están fortificados con esta vitamina, la principal fuente sigue siendo la síntesis cutánea por exposición a radiación ultravioleta B. Por eso es posible encontrar niveles bajos incluso en personas con una alimentación adecuada. Además, el uso de protección solar, aunque necesario, reduce la síntesis de esta vitamina en la piel.

El hierro requiere un abordaje diferenciado. Mientras que una dieta variada puede cubrir los requerimientos diarios en personas sanas, cuando las reservas ya están disminuidas o existe una anemia por deficiencia de hierro, la alimentación por sí sola suele ser insuficiente. En estos casos, el tratamiento específico y el seguimiento médico son indispensables.

Respecto a la vitamina B12, la suplementación es prácticamente obligatoria en ciertos contextos. En una alimentación vegana estricta o en personas con problemas de absorción, esta vitamina debe suplementarse. Del mismo modo, en el embarazo hay recomendaciones específicas de ácido fólico y hierro que van más allá de lo que la dieta puede proporcionar.

Cinco alimentos que merecen estar en tu plato

Las legumbres (lentejas, garbanzos, porotos, arvejas) destacan por su aporte de proteína vegetal, fibra, hierro, magnesio, potasio y folato. La evidencia científica es consistente en que incorporar legumbres dentro de un patrón de alimentación saludable puede mejorar distintos factores de riesgo cardiometabólico. Sin embargo, muchas personas no están acostumbradas a consumirlas y pueden experimentar distensión abdominal o gases. La solución es incorporarlas en pequeñas cantidades a lo largo de la semana, permitiendo que el sistema digestivo se adapte gradualmente.

El pescado en lata, especialmente variedades grasas como caballa, jurel y sardinas, representa una opción práctica y económica. Aporta proteínas de excelente calidad, ácidos grasos omega 3 y, en el caso de las sardinas consumidas con sus espinas blandas, también calcio. Es una manera accesible de aumentar el consumo de pescado sin requerir preparaciones complejas.

La avena es un cereal integral con propiedades destacables. Contiene beta-glucano, un tipo de fibra soluble para el que existe muy buena evidencia sobre la reducción del colesterol LDL. Además, aporta fibra, proteínas vegetales y magnesio. Su versatilidad permite consumirla en preparaciones tanto dulces como saladas, lo que facilita su incorporación en la dieta diaria.

El huevo es un alimento clave por su relación costo-beneficio. Proporciona proteínas de excelente calidad, vitamina B12, colina y otros micronutrientes a bajo costo. Durante años se recomendó restringir su consumo por su contenido de colesterol, pero hoy se sabe que el colesterol dietario no tiene el mismo impacto en todas las personas. La evidencia actual respalda su inclusión regular en la alimentación.

Los lácteos (leche, yogur y quesos) aportan calcio, proteínas de buena calidad, fósforo y vitamina B12. El calcio merece atención particular porque una parte importante de la población no alcanza las recomendaciones diarias. Estos alimentos ofrecen una manera práctica y accesible de cubrir estas necesidades.

Por qué los suplementos no pueden reemplazar una buena alimentación

Un suplemento aporta uno o varios nutrientes específicos, pero no reemplaza todo lo que proporciona un alimento. Los alimentos aportan no solo vitaminas y minerales, sino también fibra, proteínas, diferentes tipos de grasas y compuestos bioactivos que interactúan entre sí. Incluso la estructura propia del alimento, lo que se denomina matriz alimentaria, influye en cómo se absorben los nutrientes y en sus efectos sobre el organismo.

El riesgo de sobreestimar los suplementos es real. Es posible tomar magnesio, omega 3 y un multivitamínico todos los días, pero si la alimentación carece de frutas, verduras, legumbres y fibra, el suplemento no va a convertir esa alimentación en saludable. Antes de recurrir a suplementos, es fundamental aprender y consolidar hábitos alimentarios básicos.

Estrategias para optimizar la absorción de nutrientes

Existen combinaciones y preparaciones que mejoran significativamente la absorción de nutrientes:

  • Combinar hierro vegetal con vitamina C en la misma comida (por ejemplo, lentejas con tomate, morrón o jugo de limón)
  • Separar el consumo de mate, té y café de las comidas principales para favorecer la absorción de hierro en personas con déficit
  • Aprovechar partes poco consumidas de los vegetales, como tallos y hojas, para sumar variedad y reducir desperdicios
  • Mezclar legumbres con cereales como el arroz en proporciones adecuadas para facilitar su digestión

Cambios concretos para mejorar tu nutrición

La alimentación monótona y el consumo repetido de ultraprocesados afectan los niveles de micronutrientes en la población. Mejorar la calidad de desayunos y meriendas sumando yogur, huevo, queso, fruta o frutos secos es un primer paso accesible. Aumentar el consumo de verduras, frutas y legumbres también es fundamental, aunque muchas veces el obstáculo no es el precio sino la falta de hábito o de organización.

La variedad es clave. Los argentinos tienden a consumir un abanico muy limitado de verduras. Intentar que el plato, o al menos la semana, cubra todos los colores (violeta, verde, naranja, rojo y amarillo) garantiza un mejor aporte de micronutrientes. Aunque sea cuatro colores, tratar de que eso esté más presente en la alimentación cotidiana hace una diferencia real.

También es fundamental no eliminar ningún alimento, ya que no hay alimentos buenos y malos, sino malas combinaciones, malas frecuencias y malas porciones. El enfoque debe ser integral y sostenible en el tiempo.

Lo que realmente importa: la consistencia

Los cambios sostenidos en el patrón alimentario tienen más impacto que la incorporación de productos aislados. Las enfermedades vinculadas con la alimentación no aparecen por una comida excepcional ni se modifican por incorporar un producto milagroso. Lo que realmente pesa es lo que hacemos de manera habitual. Aunque esta perspectiva sea menos «espectacular» que la promesa de un suplemento revolucionario, es probablemente la parte más importante de la nutrición.

La realidad es que la mayoría de las personas tiene acceso a alimentos nutritivos, económicos y disponibles en el mercado local. El desafío no está en encontrar productos exóticos o costosos, sino en reorganizar nuestros hábitos, aumentar la variedad en nuestras mesas y confiar en el poder de una alimentación equilibrada y diversa.

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