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RedSaludArgentina

Medicamentos salvadoreños ganan terreno en el comercio regional

El sector farmacéutico salvadoreño atraviesa un cambio de época: los medicamentos terminados desplazaron a los alimentos procesados en el intercambio con sus vecinos centroamericanos. Detrás de esta transformación hay integración regulatoria, capacidad de manufactura local y una apuesta por la autonomía sanitaria.

Autor
Editorial
Medicamentos salvadoreños ganan terreno en el comercio regional

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El mapa exportador de El Salvador viene mostrando un giro que pocos anticipaban. Los medicamentos de dosis terminadas se convirtieron en el rubro de mayor valor dentro del comercio intrarregional, dejando atrás a los alimentos procesados, que durante años lideraron ese intercambio. La presidenta de la Asociación de Industriales Químico Farmacéuticos de El Salvador (INQUIFAR) y de la Federación de la Industria Farmacéutica de Centroamérica y del Caribe (FIFCA), Carmen Estela Pérez, fue quien puso números y contexto a esta tendencia.

El dato que resume el fenómeno: el intercambio de fármacos entre los países centroamericanos superó los USD 870 millones. Para la dirigencia gremial, esto no es casualidad sino el resultado de años de trabajo en la capacidad de manufactura de los laboratorios locales y de un marco regulatorio común que facilita la circulación de productos entre fronteras.

De los alimentos a los remedios: el nuevo perfil exportador

La frase de Pérez durante su paso por el programa Diálogo 21 sintetiza el cambio de época: “Fabricábamos y nos vendíamos entre Centroamérica antes eran alimentos, ahora son medicamentos”. Es decir, lo que más se produce y se comercializa entre centroamericanos hoy son fármacos, no preparaciones alimenticias.

Los números del Banco Central de Reserva (BCR) respaldan ese diagnóstico. Entre enero y agosto de 2026, El Salvador exportó USD 106,4 millones en medicamentos terminados para venta al por menor, una cifra prácticamente idéntica a los USD 106,7 millones del mismo período de 2025. Enfrente, las preparaciones alimenticias diversas sumaron USD 47,3 millones y los sopas o caldos apenas USD 5,2 millones. La diferencia es contundente: las ventas de medicinas al exterior más que duplican a los principales rubros alimenticios.

El motor de este fenómeno tiene nombre propio: la integración económica. El Consejo de Ministros de Integración Económica (COMIECO) impulsó la unificación de reglamentos técnicos, lo que permite que los fármacos fabricados con estándares comunes circulen con mayor fluidez entre las fronteras del istmo. Guatemala encabeza el destino de las exportaciones farmacéuticas salvadoreñas con USD 28,5 millones entre enero y agosto de 2026.

La otra cara: un país que importa más de lo que fabrica

El entusiasmo exportador no debe tapar una realidad incómoda. Los medicamentos son el segundo producto más importado por El Salvador, con un valor de USD 468,0 millones y un crecimiento del 22,8%, solo superado por los derivados del petróleo. La brecha entre lo que se produce y lo que se consume sigue siendo enorme.

Frente a ese desbalance, la gremial plantea la necesidad de construir una autonomía sanitaria que asegure el abastecimiento ante emergencias o interrupciones del transporte internacional. La pandemia de COVID-19 dejó una lección: los laboratorios salvadoreños abastecieron los paquetes de tratamiento y reconvirtieron plantas para fabricar mascarillas y tratamientos intensivos.

“¿Quién queremos que haga nuestros medicamentos? Esa es una pregunta que debemos hacernos todos”, enfatizó Pérez, quien también señaló que el comercio mundial migra hacia modelos de producción cercana y alianzas entre países amigos.

El acantilado de patentes, una ventana que se abre

Entre 2026 y 2030 vence un número importante de patentes farmacéuticas, fenómeno conocido como patent cliff o acantilado de patentes. Cuando eso ocurre, los laboratorios de capital nacional quedan habilitados para fabricar genéricos de igual calidad a precios más accesibles. Es una oportunidad que la industria salvadoreña quiere aprovechar.

Para eso, el sector mantiene trabajo coordinado con el Ministerio de Economía y entidades como el Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá (INCAP), con el objetivo de actualizar normas técnicas y garantizar controles estrictos a los medicamentos importados. La apuesta es clara: convertir la capacidad manufacturera local en un pilar de la salud pública regional, sin descuidar la calidad ni la seguridad de los pacientes.

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Editorial