La lógica detrás de una reorganización funcional
Cuando se habla de restructuración estatal, suele pensarse en cambios jerárquicos o de poder institucional. Sin embargo, esta reorganización responde a un criterio distinto: aprovechar la infraestructura existente y las capacidades ya instaladas. El SENASA dispone de una red de laboratorios, inspectores y presencia territorial sin precedentes en el país para la vigilancia de alimentos, tanto en producción primaria como industrial. El INAL, por su parte, nunca contó con ese despliegue operativo a semejante escala. Se trata, entonces, de una decisión basada en eficiencia operativa, no en disputas de poder.
La propuesta central es clara: separar el control de la rectoría. SENASA se especializa en la fiscalización cotidiana de alimentos en toda la geografía nacional, mientras que el Ministerio de Salud concentra su expertise en definir políticas de alimentación saludable. Esta división de funciones permite que cada organismo se dedique a lo que mejor puede hacer.
Consolidación de competencias en SENASA
El cambio más visible es la centralización de funciones en SENASA. Este organismo asume ahora el registro, control y fiscalización de alimentos que antes ejercía el INAL, eliminando duplicaciones que generaban ineficiencia. Las importaciones de productos alimenticios, las habilitaciones de establecimientos y la supervisión de normas del Código Alimentario Argentino convergen en una única ventanilla.
Esta concentración tiene un beneficio inmediato: reduce la carga administrativa para productores e importadores. Ya no hay que transitar por múltiples organismos para obtener autorizaciones. Además, se reconocen por equivalencia las certificaciones internacionales de aditivos e ingredientes provenientes de países con sistemas de control confiables o que aplican estándares del Codex Alimentarius, evitando evaluaciones redundantes.
Simplificación de trámites y modernización de sistemas
La reorganización incluye medidas concretas para agilizar procesos:
- Base Única de Datos: SENASA centraliza toda la información de productos y establecimientos, mejorando la trazabilidad y eliminando consultas dispersas en múltiples registros.
- Plazo máximo para actualizar normativa: Se fija en 45 días hábiles el tiempo para modificar el Código Alimentario Argentino, brindando previsibilidad a empresas y productores.
- Controles posteriores al ingreso: Las importaciones de alimentos envasados avanzan más rápidamente, con verificaciones realizadas después del desembarque, evitando demoras innecesarias en la comercialización.
Facilitación del comercio sin sacrificar seguridad
Un aspecto relevante es que la simplificación no implica menor rigor sanitario. Para las exportaciones, los productos deben cumplir los requisitos del país de destino, y las certificaciones provienen de un único organismo con reconocimiento internacional. Esto genera confianza en los mercados externos sin crear obstáculos burocráticos innecesarios.
Hacia un sistema armonizado con las provincias
SENASA impulsará convenios con gobiernos provinciales y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para armonizar registros, requisitos, aranceles y sanciones. Un registro único de establecimientos con identificación clara para comercialización nacional simplifica la operatoria en todo el territorio, eliminando la fragmentación que caracterizaba al sistema anterior.
La nueva agenda de política alimentaria
Mientras SENASA se dedica a la fiscalización operativa, el Ministerio de Salud asume la función de definir qué debe decir la normativa alimentaria, basándose en evidencia científica. La prioridad inicial es avanzar en la eliminación de colorantes y saborizantes de productos procesados, alineándose con estándares internacionales de nutrición saludable.
Esta división es complementaria, no redundante. SENASA verifica que los alimentos cumplan la normativa vigente; el Ministerio de Salud y la Secretaría de Agricultura definen cuál debe ser esa normativa. Dos funciones distintas, ejecutadas simultáneamente sin solapamientos.