Durante años, la imagen del bombero con la manguera al hombro y el pulso firme se sostuvo sobre una idea tranquilizadora: el entrenamiento físico extremo los vuelve casi invulnerables. Un trabajo reciente publicado en JACC: Advances pone esa creencia bajo la lupa y muestra un costado menos amable de la exigencia física.
Casi la mitad de las muertes en servicio de bomberos en Estados Unidos se asocian a un paro cardíaco o a un infarto, según el análisis de más de 3.400 decesos ocurridos entre 1990 y 2025. El dato, por sí solo, ya justifica una revisión de los protocolos de salud laboral del sector.
El dato que incomoda a los cardiólogos
El hallazgo más llamativo no pasa por las arterias tapadas, que aparecieron en el 57% de los casos cardíacos. Lo que sobresale es el crecimiento de la masa muscular del corazón, presente en el 79% de esos episodios fatales. Es decir, el órgano se agranda como respuesta al esfuerzo sostenido y ese cambio estructural podría esconder o hasta alimentar problemas graves.
Alan Kwan, cardiólogo del Centro Médico Cedars-Sinai en Los Ángeles y autor principal del trabajo, lo resumió sin vueltas: existe un punto ciego en los chequeos cardíacos de rutina que se practican a los bomberos estadounidenses.
Un riesgo que crece mientras el resto baja
La tendencia a lo largo de tres décadas es otro llamado de atención. La probabilidad de que una muerte en servicio tenga origen cardíaco subió más del 2% anual entre los bomberos, mientras que en la población general ese mismo indicador cayó más del 1% por año. La brecha se agranda y deja una pregunta incómoda: la prevención de eventos cardíacos en el cuartel no habría avanzado al ritmo de otras medidas de seguridad.
Susan Cheng, jefa de cardiología de Cedars-Sinai y coautora, planteó que las guías nacionales de salud para bomberos deberían incorporar exámenes específicos para detectar el exceso de masa muscular cardíaca. También reconoció que no está claro por qué este grupo parece más expuesto a esa condición y que hará falta más investigación para entenderlo.
Qué se puede hacer con esta información
- Revisar los protocolos de aptitud física: los exámenes anuales deberían incluir estudios que evalúen la estructura del corazón, no solo los factores de riesgo clásicos.
- Detectar a tiempo: identificar estas alteraciones cuando todavía son tratables es clave, según los investigadores.
- No demonizar el entrenamiento: la actividad física sigue siendo central para el trabajo, pero necesita un seguimiento cardiológico acorde a su intensidad.
El equipo de Cedars-Sinai anticipó que continuará estudiando los riesgos de salud de los bomberos para aportar datos que orienten las estrategias de prevención. Mientras tanto, el mensaje para los cuarteles es claro: un corazón fuerte no siempre es un corazón sano, y conviene empezar a mirarlo con otros ojos.