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¿Por qué los adultos autistas tienen más riesgo de síntomas de Parkinson?

Los temblores y los problemas de movimiento no serían un simple coletazo de las dificultades motoras propias del autismo. Una investigación a gran escala pone la lupa en un vínculo poco explorado y abre preguntas incómodas sobre el seguimiento clínico de estas personas.

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Editorial
¿Por qué los adultos autistas tienen más riesgo de síntomas de Parkinson?

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Las personas adultas con autismo parecen tener una puerta de entrada más ancha hacia los síntomas motores del Parkinson. Un trabajo publicado el 24 de octubre en la revista Autism encontró que alrededor del 3,8% de quienes tienen 45 años o más y viven con autismo desarrolla temblores y trastornos del movimiento compatibles con el parkinsonismo, frente a menos del 1,6% de quienes no presentan autismo ni discapacidad intelectual.

La magnitud del hallazgo no es menor: los investigadores analizaron los registros de casi 57 millones de estadounidenses de 45 años o más que presentaron reclamaciones de Medicare o Medicaid entre 2017 y 2019. Es decir, no se trata de una muestra pequeña ni de un estudio de laboratorio, sino de una foto de la vida real de millones de personas.

Un riesgo que se multiplica según el diagnóstico

El estudio no se quedó en una comparación binaria. Al desagregar los datos, aparecieron diferencias que invitan a repensar el abordaje clínico:

  • Personas con autismo y discapacidad intelectual: casi el 4,9% presentó síntomas de parkinsonismo.
  • Personas solo con discapacidad intelectual: alrededor del 4,3%.
  • Personas solo con autismo: cerca del 3,8%.
  • Grupo de control (sin autismo ni discapacidad intelectual): menos del 1,6%.

Las tasas estandarizadas por edad refuerzan esa brecha: 1.341 casos por cada 100.000 años-persona en el grupo con autismo y discapacidad intelectual, 1.017 en quienes tienen solo discapacidad intelectual, 977 en el grupo con autismo exclusivamente y apenas 234 en el grupo de control. Los años-persona, vale aclarar, miden el tiempo total que cada individuo fue observado mientras estaba en riesgo de desarrollar el desenlace.

No es solo “cosa de la motricidad”

Uno de los puntos más interesantes del trabajo es que los autores se anticiparon a una objeción previsible: ¿no será que las personas autistas ya tienen dificultades motoras de base y por eso parecen parkinsónicas? Greg Wallace, investigador principal y profesor de ciencias del habla, lenguaje y audición en la Universidad George Washington, lo descartó con énfasis.

Según el especialista, los resultados indican que estos cuadros no son un simple subproducto de los desafíos motores de por vida que suelen acompañar al autismo o a la discapacidad intelectual. Por eso remarcó la necesidad de que los médicos establezcan líneas de base claras sobre habilidades y dificultades motoras durante la adultez, de modo que puedan monitorearse con el paso del tiempo.

Medicamentos bajo sospecha

Incluso después de ajustar por los fármacos recetados, los adultos autistas siguieron mostrando un mayor riesgo de síntomas parkinsonianos. Sin embargo, los investigadores advirtieron que los clínicos deben estar atentos a los medicamentos que pueden generar efectos secundarios de tipo parkinsoniano, como los antipsicóticos, frecuentemente indicados en esta población.

El trabajo deja abiertas varias preguntas: a qué edad comienzan a manifestarse los síntomas en las personas autistas y qué factores podrían anticipar su aparición. Son interrogantes que, por ahora, quedan pendientes de nuevas investigaciones.

El dato de fondo es contundente: el autismo y la discapacidad intelectual no son condiciones aisladas de la salud neurológica del adulto mayor. Pensar el envejecimiento de estas personas con una mirada específica, y no como una réplica del resto de la población, parece ser el mensaje central de este estudio.

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Editorial