La cantante y actriz Selena Gomez encendió la alarma al contar que el vapeo le dejó una marca que, según dijo, ya no tiene vuelta atrás: su voz cambió de manera permanente. Lo hizo en una historia de Instagram, donde confesó que dejó los cigarrillos electrónicos y les recomendó a sus seguidores no arrancar con ese hábito. «No voy a poder cambiar mi voz», sostuvo la artista de 34 años, después de que varios usuarios notaran modificaciones en su forma de hablar.
El detalle no es menor: la joven no precisó cuánto tiempo vapeó ni con qué frecuencia, y tampoco habló de un diagnóstico médico concreto sobre sus cuerdas vocales. Por eso, su caso por sí solo no alcanza para fijar una relación clínica concluyente. Sin embargo, los especialistas coinciden en que el mecanismo que describe es posible y que golpea con particular dureza a quienes viven de su voz.
Un aerosol que no es agua
Cuando alguien vapea, inhala el aerosol que produce un dispositivo al calentar un líquido. Aunque muchos lo llaman «vapor», no se trata de agua pura: las fórmulas suelen incluir nicotina, saborizantes, propilenglicol, glicerina y otras sustancias. Ese aerosol entra por la boca y recorre la garganta antes de llegar a los pulmones, y en el camino se topa con la laringe, donde viven las cuerdas vocales.
La voz aparece cuando el aire que sale de los pulmones hace vibrar esas cuerdas. Para que el movimiento sea eficiente, los tejidos necesitan humedad, elasticidad y una superficie sin irritación. Ahí está el problema: el aerosol caliente y seco, cargado de químicos, altera ese equilibrio.
Qué dicen los que saben de laringe
La Dra. Iris Rodríguez, laringóloga del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Italiano de Buenos Aires, fue tajante: el vapeo, igual que el cigarrillo, perjudica la voz y la salud en general. «El impacto nocivo es progresivo y sostenido. Puede ser origen de patologías permanentes y graves«, advirtió la especialista, docente de la Facultad de Medicina de la UBA y miembro fundadora de la Sociedad Argentina de la Voz.
Según Rodríguez, los componentes del aerosol son irritantes, calientes y agresivos para la mucosa respiratoria. Esa exposición destruye la lubricación de la mucosa laríngea y, con el tiempo, afecta la elasticidad y la vibración de los pliegues vocales. El resultado: cambios en la voz que pueden volverse crónicos.
El neumonólogo Juan Ignacio Enghelmayer, especializado en enfermedades pulmonares intersticiales del Hospital de Clínicas, sumó otro factor: la tos. «La tos persistente que te provoca vapear también puede aumentar esa irritación y provocar ronquera o cambios en la voz«, señaló.
Señales de alerta que no conviene minimizar
Cuando el vapeo se vuelve rutina, los síntomas pueden aparecer rápido. Rodríguez enumeró las banderas rojas:
- Disfonía o alteración de la voz.
- Carraspeo frecuente por sensación de cuerpo extraño en laringe o faringe.
- Dolor al tragar.
- Tos persistente.
- Reducción de la extensión vocal.
«Hay que prestar especial atención en toda disfonía de más de dos semanas de duración. Es necesario hacer la consulta médica«, remarcó la laringóloga. Una evaluación otorrinolaringológica permite revisar la laringe y las cuerdas vocales, y descartar otras causas de ronquera sostenida.
Más que garganta: pulmones y corazón en la mira
Enghelmayer aclaró que los cigarrillos electrónicos no liberan un inocuo vapor de agua. «Lo que se inhala es un aerosol que puede contener nicotina, otras sustancias irritantes y compuestos tóxicos«, explicó. Entre ellos mencionó el acetaldehído y el formaldehído, este último clasificado como cancerígeno.
A corto plazo, la exposición puede provocar tos, irritación de los bronquios, silbidos al respirar y falta de aire. Con uso sostenido, existe la posibilidad de desarrollar afecciones pulmonares crónicas, aunque todavía no se conoce con la precisión que hay para el cigarrillo tradicional cuál es la magnitud del riesgo con los años.
«Que todavía no sepamos con precisión los efectos nocivos a largo plazo de los vapeadores no significa para nada que sean seguros«, subrayó el neumonólogo. La falta de décadas de seguimiento limita la estimación del riesgo de enfermedades como la EPOC y el cáncer de pulmón, pero no borra los daños respiratorios que ya se observan.
La nicotina, el ancla que complica salir
En su mensaje, Gomez también habló de lo difícil que es dejar los dispositivos. «Dejé de hacerlo y solo espero que podamos mantenerlo. Es muy difícil«, dijo. Esa advertencia apunta directo a la nicotina, presente en buena parte de los vapeadores y responsable de una dependencia química que refuerza el impulso de volver a consumir.
La FDA advierte que la nicotina puede modificar el funcionamiento cerebral y aumentar los deseos de consumo. A eso se suma una creencia peligrosa: la percepción de que los cigarrillos electrónicos son una alternativa sin riesgos frente al tabaco tradicional. Los organismos sanitarios estadounidenses sostienen que no existen productos de tabaco seguros, vapeadores incluidos.
Enghelmayer fue directo: «El vapeador no es un buen método para dejar de fumar cigarrillos convencionales«. Y recordó la carga histórica del tabaquismo: «La nicotina ha sido el producto que más gente mató en el siglo XX y sigue matando a muchísima gente todavía en el siglo XXI«.
El antecedente EVALI y las advertencias que quedaron
Además de la irritación de garganta y vías aéreas, el vapeo se asoció con efectos respiratorios y cardiovasculares. El brote de lesiones pulmonares de 2019 en Estados Unidos, conocido como EVALI, fue un cachetazo de realidad: muchos casos afectaron a jóvenes que habían consumido productos con cannabis adulterados con acetato de vitamina E. Hubo neumonías graves y muertes, y también casos en Argentina, con pacientes atendidos en el Hospital de Clínicas.
Los casos bajaron cuando se identificó la vinculación con esos productos adulterados, pero el episodio dejó una lección: consumir líquidos de composición incierta es una ruleta rusa. Ante síntomas como dificultad para respirar, dolor torácico, tos intensa o progresiva y fiebre, Enghelmayer recomendó una evaluación médica rápida, directamente en la guardia.
Cuando la voz es la herramienta de trabajo
Cantantes, docentes y locutores suelen detectar el daño antes, porque lo sufren en carne propia en su desempeño diario. Rodríguez describió los cambios como disfonía intermitente o progresiva, mayor esfuerzo para emitir sonidos que antes salían con comodidad, quiebres vocales y reducción de la extensión vocal.
El otorrinolaringólogo Paul Kwak, del Centro de Voz de NYU Langone, coincidió: los cantantes perciben antes estos cambios porque necesitan mayor agilidad, flexibilidad y precisión. Una variación mínima del timbre puede afectar su resistencia, estabilidad o registro.
En el caso de Gomez, había mencionado variaciones en su voz antes de asociarlas públicamente al vapeo. En diciembre de 2025 contó en una transmisión en vivo que a veces sentía inflamación interna en la garganta. Además, convive con lupus, una enfermedad autoinmune crónica que puede producir inflamación en distintos órganos y requiere tratamientos que sus médicos deben considerar.
Prevención: cuidar la voz es cuidar la salud
Para Rodríguez, la principal medida es evitar el vapeo, el cigarrillo y los ambientes con humo. Sus recomendaciones prácticas:
- Beber abundante agua.
- Moderar alcohol y café.
- Evitar comidas copiosas o picantes y cenar al menos dos horas antes de acostarse.
- Hablar en lugares con poco ruido ambiental para no forzar el volumen.
- Usar amplificación si se trabaja al aire libre.
- No automedicarse: algunos fármacos favorecen la deshidratación de los pliegues vocales.
Quienes usan la voz como herramienta laboral deberían hacerse una evaluación otorrinolaringológica y fonoaudiológica antes de arrancar la actividad, además de un control anual con especialistas en voz. Y para quienes vapean y notan síntomas respiratorios o cambios persistentes en la voz, la recomendación es clara: consultar. Un neumonólogo evalúa el impacto en vías aéreas y pulmones; un otorrinolaringólogo determina si hay irritación o lesiones en la laringe y las cuerdas vocales.