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¿Qué nutrientes necesita la persona gestante en cada etapa del embarazo?

Comer para dos no es comer por dos. La nutrición materna se planifica antes de la concepción, se ajusta en cada trimestre y continúa durante la lactancia con un aporte extra de energía y ácidos grasos esenciales. Una guía clara para entender qué nutrientes importan en cada momento.

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Editorial
¿Qué nutrientes necesita la persona gestante en cada etapa del embarazo?

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La idea de que la nutrición durante el embarazo se limita a los nueve meses de gestación quedó vieja. Según la nutricionista Adriana Hamer, el trabajo empieza mucho antes: al menos tres meses previos a la búsqueda de un bebé. En esa ventana se prepara el organismo, se cuida el endometrio —el tejido donde se implanta el embrión— y se corrige cualquier déficit que pueda jugar en contra de la fertilidad.

La especialista insiste en un punto que suele pasarse por alto: la alimentación influye en la fertilidad, en la energía de la persona gestante y en la cobertura de nutrientes a lo largo de todo el proceso. No se trata de una dieta restrictiva, sino de un plan completo y personalizado.

Qué debe tener un plato completo antes de buscar un embarazo

Hamer describe una base sencilla pero exigente: proteínas, hidratos de carbono no refinados y grasas de buena calidad. Para explicar la importancia de las proteínas, compara la estructura corporal con una pared y a los aminoácidos con los ladrillos que la componen. Si faltan esos ladrillos, el desarrollo del bebé puede resentirse.

Entre los alimentos que recomienda aparecen la carne vacuna —hasta tres o cuatro veces por semana—, el pollo, el pescado, el huevo y las legumbres. El huevo merece un párrafo aparte: aporta colina, sustancia que colabora con el sistema nervioso central de la madre y del bebé, además de proteínas de alto valor biológico.

Ácido fólico: el nutriente que no puede faltar antes de la concepción

El ácido fólico ocupa un lugar central en la prevención. Hamer explica que ayuda a evitar alteraciones en el cierre del tubo neural, estructura clave del desarrollo temprano del sistema nervioso, y reduce el riesgo de espina bífida. También lo vincula con la prevención de fisuras en el labio y el paladar, conocidas por la sigla FLAP (fisura labio alveolo palatina).

La recomendación es concreta: incorporar ácido fólico tres meses antes de buscar un embarazo, tanto desde la alimentación como desde la suplementación indicada por un profesional.

Vitamina D y otras piezas del rompecabezas nutricional

La vitamina D aparece asociada a la prevención del parto prematuro y de la preeclampsia, una complicación que combina hipertensión con edema, es decir, hinchazón por acumulación de líquido. La evaluación nutricional, según Hamer, también debe mirar hierro, fósforo, magnesio, potasio, actividad física, descanso, talla y contextura corporal.

Hay factores que la especialista califica como disruptores: generan oxidación y pueden perjudicar la implantación del embrión. Por eso aconseja eliminar el alcohol y abandonar el cigarrillo.

Cuadros clínicos que condicionan la fertilidad

Hamer menciona varias condiciones que requieren atención profesional porque inciden en la fertilidad: diabetes, hipotiroidismo, anemia y celiaquía. Sobre esta última, advierte que algunas pacientes desconocen que la padecen y que un plan de alimentación adecuado puede mejorar la fertilidad.

Cada trimestre pide ajustes: la consigna es comer para dos

La frase que resume la filosofía de Hamer es clara: “No hay que comer por dos, hay que comer para dos”. Las necesidades de energía cambian a lo largo del embarazo, con un aumento de entre 250 y 300 calorías y porciones mayores según la etapa y la demanda energética. La calidad de los alimentos, eso sí, no se negocia.

En el primer trimestre, las náuseas y los vómitos son molestias frecuentes. Hamer sugiere cubitos de hielo, queso descremado, galletitas de agua y pequeñas cantidades de polvo de jengibre. También propone fraccionar las comidas en porciones pequeñas y frecuentes para reducir la acidez y evitar una mayor secreción gástrica.

En el tercer trimestre, la atención se desplaza a la retención de líquido, la hipertensión, la preeclampsia y la diabetes gestacional. La hemodilución —cambios en la concentración de la sangre por aumento de su parte líquida— puede asociarse a anemia, y síntomas como cansancio, irritabilidad, fatiga y falta de aire justifican un control.

Qué conviene evitar durante la gestación

  • Alcohol, sin excepciones.
  • Ultraprocesados y embutidos.
  • Leche no pasteurizada.
  • Pescados con alta concentración de mercurio: pez espada, atún rojo y mero.
  • Sushi: solo si el pescado está bien cocido.

Posparto y lactancia: más energía, menos foco en la balanza

Después del parto, la lactancia implica un gasto energético mayor. Hamer estima que el posparto puede requerir cerca de 300 calorías extras, aunque la necesidad depende de la etapa de gestación previa y de cada persona. Muchas madres no logran cubrir ese aporte por falta de tiempo, cansancio o falta de apetito, y ahí la suplementación personalizada cobra relevancia: omega, coenzima Q10 y vitamina D.

Al omega se le atribuye un aporte para el sistema neurológico del bebé y la prevención de la depresión posparto. Para favorecer la producción de leche, la especialista recomienda semillas de zapallo, sésamo, chía y lino, además de frutos secos, aceite de oliva, leche y yogur, que aportan grasas de buena calidad y calcio. El mate cocido y una hidratación suficiente también suman.

Un mito que despeja: los alimentos no pasan de manera directa al bebé, sino a través del torrente sanguíneo. Las crucíferas —brócoli, coliflor, repollo— pueden producir gases en la madre, pero no en el bebé.

El cierre de la charla deja una idea que vale la pena subrayar: la consulta posparto no debería concentrarse solo en el descenso de peso. La prioridad, según Hamer, es la salud, el descanso, la calidad de vida y el fortalecimiento del sistema inmunológico de la madre y del bebé. “Con una alimentación adecuada y completa podemos mejorar la fertilidad”, afirma.

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