Adelgazar suele ser solo el primer tramo del camino. La parte verdaderamente cuesta arriba aparece después: sostener en el tiempo eso que costó tanto bajar. Y ahí entra en juego un concepto que la ciencia viene estudiando hace años: el punto de ajuste corporal, esa suerte de memoria interna que empuja al organismo a volver a su peso de siempre.
La endocrinóloga Peminda Cabandugama, especializada en medicina de la obesidad, explicó en un artículo difundido por Cleveland Clinic que el cuerpo humano trabaja para mantener la homeostasis, es decir, un equilibrio interno estable. En criollo: el organismo no quiere sorpresas y hace lo posible por conservar sus condiciones habituales, peso incluido.
Un rango, no un número clavado en la balanza
Uno de los malentendidos más frecuentes es imaginar el punto de ajuste como una cifra exacta que el cuerpo defiende con uñas y dientes. Cabandugama aclara que se trata de un margen: una persona puede subir o bajar algunos kilos sin que eso altere de fondo su tendencia habitual.
La especialista remarcó que el peso depende de múltiples factores y que rara vez existe una única causa. La biología explica una parte del fenómeno, pero no lo explica todo. Dormir mal, vivir con estrés, comer a las apuradas o atravesar situaciones emocionales complicadas también inciden.
Las dietas extremas juegan en contra
Cuando la restricción calórica es muy agresiva, el cuerpo interpreta que viene una época de escasez y activa respuestas orientadas a recuperar lo perdido. Por eso pasar hambre durante una semana no es la respuesta, sentenció la especialista.
En lugar de eso, propuso priorizar una alimentación nutritiva y sostenible en el tiempo. Mencionó la dieta mediterránea como una alternativa válida para ordenar las comidas, siempre dentro de un plan adaptado a las necesidades de cada persona y sin presentarla como una fórmula universal.
- Comer variado y con alimentos reales, más que contar calorías obsesivamente.
- Evitar ayunos extremos o planes restrictivos que no se puedan mantener.
- Construir hábitos que sobrevivan a la rutina, no solo a la motivación inicial.
Moverse, pero con cabeza
La actividad física sigue el mismo criterio. Según Cabandugama, una rutina constante no solo quema energía durante la sesión: también fortalece el cuerpo y mejora su funcionamiento general. La sugerencia es combinar ejercicio aeróbico con trabajos de fuerza, ajustados a las posibilidades de cada caso.
El descanso y el manejo del estrés completan el rompecabezas. La especialista explicó que en situaciones de tensión el organismo libera más cortisol, una hormona que incrementa los antojos de alimentos de energía rápida. La meditación aparece como un recurso posible para afrontar esos momentos.
Dormir poco, por su parte, afecta la energía y la toma de decisiones, dos cuestiones que complican sostener una rutina de ejercicio o una alimentación planificada. Además, la falta de sueño puede elevar el estrés. Descansar entre siete y ocho horas por noche puede colaborar con el reajuste del rango de peso habitual, según la especialista.
Consultar siempre con un profesional
Cabandugama recomendó buscar acompañamiento médico para evaluar alternativas de tratamiento, entre ellas los medicamentos conocidos como GLP-1. La mirada integral, que combina alimentación, movimiento, descanso y apoyo profesional, parece ser la más sensata frente a la insistencia biológica de volver al peso de siempre.