La llegada de un bebé suele asociarse con alegría plena, pero esa imagen ideal choca con una realidad que muchas madres atraviesan en silencio. La depresión perinatal puede instalarse durante el embarazo o extenderse hasta el primer año de vida del recién nacido, y no guarda relación con la intensidad del amor hacia el hijo. Así lo planteó una psicóloga cognitiva especializada en maternidad, crianza y coordinación de grupos, quien analizó los síntomas, los factores de riesgo y las alternativas de tratamiento.
Según la profesional, querer profundamente a un bebé no protege de los trastornos de salud mental. El puerperio combina transformaciones hormonales, físicas, psíquicas y sociales que exponen a las madres a una mayor vulnerabilidad. Por eso, insistió en el valor de la consulta profesional y de contar con una red de contención sólida.
Un cuadro que puede empezar antes o después del parto
El concepto de depresión perinatal abarca los síntomas que surgen en el embarazo, el parto, el puerperio o los meses siguientes. El plazo que suele considerarse se extiende hasta el primer año del bebé, aunque cada proceso personal tiene su propio ritmo.
Entre las señales posibles, la especialista mencionó:
- Tristeza profunda y angustia persistentes.
- Miedo intenso y desesperación.
- Fatiga y falta de interés por actividades habituales.
- Insomnio incluso cuando el bebé duerme.
- Pensamientos vinculados al temor de dañar al hijo.
Una frase que resumió su postura: «Amar a un bebé, amar a un hijo, no nos salva de cuestiones mentales».
Baby blues y depresión: parecidos que no son iguales
El baby blues es un período de angustia, tristeza, miedo y dificultades cotidianas que afecta a muchas mujeres después del parto. La diferencia central está en la duración: suele extenderse entre dos y tres semanas y luego cede. La depresión, en cambio, persiste más tiempo y presenta síntomas más frecuentes e intensos.
El descanso sirve como ejemplo. Una noche sin dormir puede responder al cuidado de un recién nacido. Pero una mujer que permanece despierta aunque su bebé descansa, y repite esa situación varias noches, necesita atención.
La profesional remarcó que el diagnóstico debe hacerlo un profesional de la salud. También advirtió sobre dos riesgos: el subdiagnóstico, cuando se considera normal un malestar que requiere tratamiento, y el sobrediagnóstico, cuando se confunde el puerperio o el baby blues con una depresión.
La soledad, un factor de riesgo que pesa
«Nunca una puérpera puede quedarse sola, nunca«, afirmó la especialista. El aislamiento incrementa el malestar mental porque muchas mujeres atraviesan cambios abruptos en sus rutinas, sus vínculos, su descanso y sus actividades fuera del hogar.
La soledad favorece la rumiación, esos pensamientos repetitivos que giran alrededor de una preocupación. Una madre puede interpretar el llanto de su bebé como prueba de que no sabe cuidarlo y concluir que es una mala madre. La presencia de otra persona puede cambiar esa lectura: una conversación con alguien que atraviesa una experiencia similar permite reconocer que el llanto, las dudas y el cansancio son parte de situaciones frecuentes durante la crianza.
De ahí la importancia de una red de cuidado con familia, amistades, grupos de crianza y profesionales. También resulta clave que alguien escuche a la madre y le pregunte qué necesita, en lugar de concentrar toda la atención en el recién nacido.
Consultar temprano para tratar y reducir la culpa
Los antecedentes de depresión, ansiedad intensa, experiencias traumáticas, embarazos difíciles, partos complejos y problemas de sueño merecen atención especial. Esos factores pueden aumentar la predisposición a sufrir un cuadro de salud mental durante el embarazo o el puerperio.
Las madres no necesitan esperar una situación extrema para pedir ayuda. «Cuando la estás pasando mal«, respondió la especialista sobre el momento adecuado para recurrir a un profesional. Las consultas pueden ser con psicología perinatal, psiquiatría perinatal, obstetricia o pediatría. Existen tratamientos psicológicos y psiquiátricos, además de medicamentos compatibles con el embarazo y la lactancia cuando un profesional los considera necesarios.
Los padres también cuentan
La especialista se refirió a los padres y mencionó que existen estudios sobre depresión en varones. Pidió considerarlos como cuidadores, no como ayudantes. Según su mirada, también necesitan espacios para expresar sus miedos y recibir acompañamiento.
Para cerrar, destacó el valor de hablar sin culpa y sin juicio: «Hay tratamiento, hay que consultar y no quedarnos esperando que sea algo tremendo«.