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Dismorfia muscular: cómo la obsesión por el físico afecta la vida sexual masculina

La presión por lograr un cuerpo musculoso no solo afecta la autoestima. Una investigación con más de 1.100 varones de Canadá y Estados Unidos encontró un vínculo directo entre la dismorfia muscular y diversos trastornos sexuales. El cuerpo como obstáculo del placer.

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Editorial
Dismorfia muscular: cómo la obsesión por el físico afecta la vida sexual masculina

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La obsesión por alcanzar un físico musculoso dejó de ser una simple cuestión estética para convertirse en un problema de salud integral. Una investigación reciente puso el foco en cómo la insatisfacción corporal de niños y jóvenes varones impacta de lleno en su vida sexual, generando desde ansiedad en la intimidad hasta dificultades concretas para lograr una erección.

El trabajo, publicado en la revista Body Image, analizó datos de más de 1.100 varones sexualmente activos de entre 15 y 35 años residentes en Canadá y Estados Unidos. Los participantes respondieron sobre síntomas de dismorfia muscular y distintos tipos de disfunción sexual.

Los resultados fueron contundentes: quienes se mostraban disconformes con su apariencia y incómodos con su propio cuerpo presentaban de manera consistente más dificultades en el plano sexual. Entre los problemas más reportados aparecen:

  • Ansiedad durante el encuentro sexual
  • Falta de interés o disfrute
  • Dificultad para excitarse
  • Problemas para alcanzar el clímax
  • Dolor físico durante las relaciones
  • Dificultad para conseguir o mantener la erección

Según los investigadores, la ansiedad durante el sexo fue el síntoma que apareció con mayor fuerza vinculado a la dismorfia muscular. La explicación apunta a que la preocupación constante por el propio cuerpo impide estar presente y cómodo durante la experiencia íntima.

Kyle Ganson, profesor asociado de la Universidad de Toronto y autor principal del estudio, señaló que si una persona está muy pendiente de cómo se ve su cuerpo o teme ser observada por su pareja, esos pensamientos terminan interfiriendo con el deseo, la excitación y el funcionamiento sexual.

El estudio también plantea una segunda vía posible: algunas de las conductas adoptadas para ganar músculo —como el ejercicio excesivo, las dietas restrictivas o el consumo de esteroides— podrían por sí mismas provocar problemas sexuales.

Los hallazgos refuerzan una idea que gana terreno entre los especialistas: la imagen corporal y la salud sexual no son compartimentos separados, sino áreas profundamente entrelazadas. La incomodidad con el propio cuerpo puede convertirse en una barrera difícil de sortear en la intimidad.

Por eso, los investigadores remarcan la necesidad de que los médicos incorporen preguntas sobre la vida sexual al evaluar a varones con síntomas significativos de dismorfia muscular. Abordar la angustia por el cuerpo puede ser clave para entender y tratar las dificultades sexuales que experimentan.

En definitiva, la presión por encajar en un ideal de cuerpo musculoso tiene un costo que va más allá del espejo. Quererse a uno mismo, como dice el viejo refrán, sigue siendo la base para poder vincularse plenamente con los demás.

Autor
Editorial