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RedSaludArgentina

Descanso estival: claves para dormir mejor y evitar el cansancio post-vacaciones

El verano trae consigo cambios en las rutinas que afectan significativamente el sueño de millones de argentinos. Profesionales de la salud revelan cómo proteger el descanso nocturno durante el receso estival y facilitar el regreso a la normalidad sin fatiga extrema.

Autor
Editorial

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El descanso nocturno es uno de los pilares fundamentales del bienestar integral, junto con la alimentación, la actividad física y el equilibrio emocional. Sin embargo, durante los meses de verano, cuando las responsabilidades se relajan y los días parecen infinitos, muchas personas descuidan sus patrones de sueño, generando consecuencias que se extienden más allá del período vacacional.

Según investigaciones de la Universidad de Buenos Aires, casi la mitad de la población argentina experimenta dificultades para conciliar el sueño, una problemática que se intensifica notablemente cuando llegan las vacaciones. Este fenómeno afecta tanto a adultos como a niños y adolescentes, comprometiendo funciones cognitivas esenciales como la consolidación de la memoria, el fortalecimiento del sistema inmunológico y la capacidad de resistencia frente a enfermedades.

¿Por qué las vacaciones alteran nuestro descanso?

Durante el receso estival, es común que las personas modifiquen significativamente sus horarios y hábitos cotidianos. Aunque esta flexibilidad es comprensible y hasta deseable para relajarse, los cambios excesivos generan desajustes en el ritmo vigilia-sueño que pueden persistir semanas después de regresar a la rutina habitual. Cuando el cuerpo se enfrenta a ambientes desconocidos durante viajes, activa un mecanismo de vigilancia cerebral denominado «efecto primera noche», que mantiene una parte del cerebro en estado de alerta incluso durante el sueño profundo, provocando despertares frecuentes y menor calidad de descanso.

Este fenómeno se agrava cuando se cruzan husos horarios, situación en la que el organismo puede tardar hasta una semana en recuperar sus ritmos normales. Durante este período, la fatiga, irritabilidad y somnolencia se intensifican, dificultando la adaptación al regreso laboral o escolar.

Estrategias prácticas para preservar el sueño en verano

Mantener horarios regulares es la recomendación más importante de los especialistas, incluso durante el período vacacional. Esto implica establecer un horario consistente para acostarse y levantarse, procurando dormir entre siete y nueve horas diarias. Si durante la semana laboral no se alcanzó el descanso necesario, recuperar algunas horas el fin de semana puede aliviar el riesgo cardiovascular, aunque la prioridad sigue siendo la regularidad sostenida.

La actividad física realizada en horarios diurnos juega un papel central en la mejora del sueño. Se recomienda ejercitarse durante el día y evitar actividades intensas en las horas previas a acostarse, ya que esto consolida el descanso y mejora su calidad general. Simultáneamente, las cenas copiosas deben evitarse, pues los procesos digestivos pesados interfieren con la continuidad del sueño. El consumo de alcohol, frecuente durante el verano, también compromete la calidad del descanso al impedir alcanzar etapas profundas y dejando una sensación de embotamiento al despertar.

Factores ambientales y de hidratación

El aumento de temperaturas en verano representa un desafío adicional para el descanso. El cuerpo necesita disminuir su temperatura corporal para dormir adecuadamente, pero el calor intenso dificulta este proceso, fragmentando el sueño y generando despertares nocturnos frecuentes. El uso de ventiladores o aire acondicionado puede aliviar esta situación, aunque es importante considerar que los ruidos de estos dispositivos también pueden interrumpir el descanso.

Respecto a la hidratación, aunque es fundamental mantenerla durante el día, ingerir líquidos justo antes de dormir aumenta la probabilidad de despertares nocturnos por necesidad de ir al baño. Asimismo, sustancias estimulantes como café, té, bebidas cola o mate deben evitarse en horarios nocturnos, ya que activan el sistema nervioso y dificultan la conciliación del sueño.

El impacto de las pantallas en la calidad del descanso

Uno de los factores más disruptivos para el sueño es el uso de dispositivos electrónicos antes de acostarse. La luz azul emitida por pantallas confunde al cerebro, haciéndolo creer que aún es de día, lo que genera un estado de alerta que impide la conciliación del sueño. Se recomienda apagar dispositivos o dejarlos fuera del dormitorio al menos dos horas antes de acostarse.

Más allá de la iluminación, el hábito de revisar notificaciones y mensajes mantiene la atención activa, dificultando el descanso mental necesario. El déficit de atención se ha convertido en un problema frecuente, potenciado por la exposición constante a redes sociales y contenidos digitales. Sin embargo, existe una tendencia positiva: cada vez más personas adoptan dispositivos sin acceso a redes para limitar esta exposición durante las vacaciones.

Consideraciones especiales para familias con niños

Para quienes disfrutan de las vacaciones en familia, es importante no modificar de forma extrema las rutinas, especialmente cuando hay menores que posteriormente deberán regresar al colegio. Aunque es válido relajarse durante el receso, transformar completamente los hábitos dificulta la readaptación posterior. El equilibrio entre descanso y mantenimiento de cierta estructura permite que el regreso a la normalidad sea más fluido y menos agotador para todos los miembros del hogar.

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Editorial