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RedSaludArgentina

La Serenísima se compromete a reformular sus lácteos y el Estado apuesta a sumar más empresas

La firma entre la cartera sanitaria y la empresa láctea abre un capítulo de acuerdos voluntarios con el sector privado. La pregunta de fondo es si estos compromisos alcanzan para mejorar el perfil nutricional de lo que comemos o si hacen falta reglas más firmes.

Autor
Editorial
La Serenísima se compromete a reformular sus lácteos y el Estado apuesta a sumar más empresas

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El acuerdo entre el Ministerio de Salud de la Nación y La Serenísima no es un detalle menor en el mapa de las políticas alimentarias argentinas. Se trata de un convenio de colaboración voluntaria que apunta a reformular la composición de los lácteos, bajando grasas y azúcares sin reemplazarlos por otros ingredientes que no aporten calidad ni achicando las porciones para disimular el cambio.

La lógica del pacto es interesante: en lugar de imponer una norma de arriba hacia abajo, se arma una mesa técnica con representantes del ministerio y de la empresa para interpretar las cláusulas y ejecutar el plan de reformulación. Un esquema de diálogo que, bien llevado, puede destrabar obstáculos tecnológicos que muchas veces frenan las mejoras nutricionales.

¿Cómo se eligieron los productos a modificar? Según lo acordado, pesaron el contenido inicial de los ingredientes a cambiar, su peso en la dieta de la población, su presencia en el mercado y la viabilidad técnica de la reformulación. Un criterio razonable, aunque deja abierta la pregunta sobre cuánto se puede exigir cuando la factibilidad tecnológica se convierte en la variable decisiva.

El convenio pone la lupa en un punto clave: la reformulación debe preservar la inocuidad, la estabilidad, la calidad y la identidad de los alimentos. Es decir, no vale neutralizar la mejora nutricional con sustituciones que suenen bien en el papel pero no cambien nada en la práctica.

La apuesta oficial es que los compromisos se extiendan a otros productos y a los lanzamientos nuevos durante los dos años de vigencia. Y queda claro algo importante: firmar este acuerdo no flexibiliza ninguna obligación sanitaria, bromatológica, de rotulado ni de protección al consumidor. Los compromisos se suman a la normativa vigente, no la reemplazan.

Este convenio forma parte de la Estrategia Nacional de Reformulación Progresiva, que además de azúcares y grasas busca reducir sodio, cafeína y colorantes en alimentos y bebidas en general. La iniciativa se enmarca en las políticas de promoción de una alimentación adecuada y prevención de enfermedades no transmisibles.

El ministro de Salud destacó que la estrategia avanza con metas concretas, plazos y resultados medibles, y celebró que La Serenísima se sume: «esperamos que otras empresas también lo hagan». Por su parte, Gonzalo Gebara, CEO de la compañía, señaló que vienen reduciendo azúcar en su línea de yogures y que quieren profundizar ese camino incorporando nutrientes positivos.

El desafío ahora es doble. Por un lado, que la cartera sanitaria logre sumar a más empresas que comercialicen categorías relevantes en la ingesta poblacional. Por el otro, que estos acuerdos voluntarios no se queden en la foto y se traduzcan en cambios reales en la góndola. La voluntad empresarial es un punto de partida, pero el monitoreo público y la transparencia en los resultados serán los que definan si la estrategia tiene impacto o queda en declamación.

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Editorial