La relación entre lo que comemos y cómo dormimos es un terreno fértil para las promesas fáciles. Sin embargo, ningún alimento reemplaza el diagnóstico ni el tratamiento de un trastorno del sueño. La evidencia científica disponible es variada, con estudios breves y diseños dispares, así que conviene tomar cada recomendación con pinzas.
Nutricionistas como Erin Palinski-Wade, Lauren Manaker y Luciana Soares suelen recomendar ciertos alimentos para la cena o una colación nocturna. La selección gira en torno a nutrientes como melatonina, triptófano, antioxidantes, vitamina D y omega-3. Una revisión de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos ya advirtió que los ensayos son diversos y no permiten conclusiones firmes para todos los casos.
1. Dos kiwis
La porción más estudiada es de dos kiwis verdes, cerca de una hora antes de dormir. En un trabajo citado por la revisión, adultos con problemas de sueño que los consumieron durante cuatro semanas mostraron mejoras en duración y eficiencia del descanso, con menos despertares nocturnos.
El detalle no menor: ese estudio no tuvo un alimento de comparación, lo que obliga a la prudencia. El kiwi aporta antioxidantes y folato, pero todavía no se sabe qué componente explicaría una posible mejora del sueño.
2. Las nueces
Manaker sugiere alrededor de 42 gramos de nueces (una onza y media) como parte de la cena. Investigaciones recientes las asociaron con mejor calidad de sueño y menos tiempo para conciliarlo, además de cambios en marcadores vinculados a la melatonina.
Las nueces contienen melatonina y omega-3, pero una revisión de 2026 aclara que sus efectos aún no fueron evaluados en ensayos de intervención. Por eso, no puede afirmarse que prevengan los despertares nocturnos.
3. El jugo de cereza
El jugo de cereza ácida concentra melatonina natural. Estudios en adultos con insomnio probaron distintas presentaciones y cantidades, y algunos hallaron mejoras en duración, eficiencia o tiempo de vigilia nocturna.
La revisión describe un ensayo con 230 mililitros dos veces al día, pero las dosis, los productos y los grupos estudiados no fueron uniformes. Palinski-Wade propone una cantidad pequeña y cómoda, sin una porción ideal para todos.
4. La leche
Soares recomienda una taza de leche tibia por la noche para quienes la toleren. La bebida aporta triptófano, un aminoácido que el organismo usa para producir serotonina y melatonina.
Parte de la evidencia registró mejor percepción de la calidad del sueño, aunque no demuestra que una taza específica lo favorezca. La concentración de melatonina en la leche puede variar según el momento del ordeñe, y los estudios con leche nocturna fueron limitados. Funciona más como ritual reconfortante que como tratamiento.
5. El pescado graso
Soares incluye pescados grasos como el salmón, en porciones de 85 a 140 gramos, dos o tres veces por semana. Aportan omega-3 y vitamina D, nutrientes vinculados a vías relacionadas con la serotonina y la regulación del sueño.
La investigación asocia los omega-3 con mejor eficiencia del sueño, es decir, mayor proporción del tiempo en cama efectivamente dormido. Pero no se encontró una mejora consistente en la duración total ni en la rapidez para conciliarlo. Sumarlo a la cena con verduras y arroz, o aprovechar sobras con cereales, es una forma práctica de incluirlo.
Lo que no se negocia
Más allá del menú, el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos recomienda:
- Horarios regulares para acostarse y levantarse.
- Limitar la luz intensa y las pantallas antes de dormir.
- Dormitorio oscuro, fresco y silencioso.
- Evitar comidas abundantes cerca de la hora de acostarse.
- Reducir la cafeína por la tarde o noche: sus efectos pueden durar hasta ocho horas.
En resumen: la alimentación nocturna puede acompañar una buena rutina de descanso, pero no es una varita mágica. Si el insomnio persiste, la consulta con un profesional sigue siendo el camino indicado.